Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 199

199 sin embargo la técnica con la que trabaja Goya esta serie tiene aquí ejem- plos tan brillantes como en El Aquelarre o La Romería. En los rostros de las tres figuras del primer plano no existe ese marcado “aturdimiento” del alcohol, del día festivo. Son miradas irónicas o serias, pero abiertas, francas y en el caso de la anciana -o monja- inquisidora, desafiante, claramente hostil, las de más atrás se asemejan más a las de El Aquelarre, sin la pre- sión del miedo. Tras ellas un mundo vivísimo, activo. El que refleja más vida cotidiana normalizada. Da la sensación por las actitudes que presentan al- gunas de las manchas-objetos que están mercadeando. Hablan, conversan, comercian. Ello nos vuelve a sacar del quicio de la convención interpretati- va. Qué quiere decirnos Goya, qué quiso decirse Goya? Nada permite pen- sar en una procesión entendida en términos religiosos. Más parece un friso de un día en la vida del pueblo, enmarcado en unos de sus paisajes previos “inverosímiles”, “inventados”, donde el mercado está presente. Con lo que tal vez fuera un día especial. En cualquier caso no veo ni tensión ni actitud inquisidora del Santo Oficio por parte alguna más allá de la indumentaria del personaje armado con espada. La composición traza un efectismo visual al proyectar sobre una diagonal, que acerca al primer plano de la derecha, a los personajes prin- cipales. Esos personajes que como si se tratara de salir en la “foto”, como antes he señalado, se agolpan para mirar a “cámara” y en su agolpamiento se paran un instante -al menos los de ese primer plano reducen marcha-. Un recurso pre-cinematográfico que también presenta en La Romería.