Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 185
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miran y no se ven. “Ojos que un día volverán a la tierra hartos de mirar sin
ver” (A. Machado). Está claro que participan de la misma conversación,
que contemplan el mismo motivo espacio-temporal. Qué hablan, qué se di-
cen? No lo sabemos. Incluso pensamos que ni se escuchan ni se entienden.
Sabemos que hablan, pero sus gestos son evocadores de sensaciones de lo
más humano que nos va consumiendo, el tiempo y sus huellas. Huellas que
como cicatrices de sadismo, de gula, de casi lascivia irónica están a punto
de seguir alimentándose hacia el lugar del silencio y la incomunicación. La
vejez alimentando las secuelas del tiempo, la vejez como depositaria de lo
más decrépito del ser humano en espera de un regreso.
Un tema recurrente, la ancianidad, la vejez, la incomunicación, la
decrepitud física. Volverá tratarlos en varias de sus pinturas murales. Es
reflejo de su propio acontecer, de su propio drama.
Decía al principio que este cuadro sería desde la primera vez que lo
vi, tras mirarlo, una revelación que me gustaría tener cerca. Su plasticidad,
su valentía de ejecución, sus intensidades expresivas con una gama cromá-
tica tan reducida. El tratamiento de empaste espatulado de cada una de
las figuras, los arrastres, los toques directos, violentos casi, el desgarro de la
pincelada, el desecho dibujístico que también dibuja, las sugerencias y esa
atracción, un tanto hipnótica de los ojos, me hablan de una de las obras más
fascinantes que conozco. Obra que ha rebasado ampliamente cualquier tra-
tamiento anterior de lo plástico, de la manera de depositar en la pared cada
empaste.