Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 169

169 beza resultó, por tanto, muy dañada en su paso al lienzo. Con todo y pese a las adulteraciones cuanto hoy podemos contemplar es un desgarrador moti- vo. La figura, parcialmente devorada de un cuerpo femenino marcada con perfiles sangrientos muy decididos -aun adulterados-, son atrapados por unas manos que desarrollan todo un tratado de furia salvaje, irracional. Unas manos que se hunden en la carne de la víctima sin consideración, penetran, escuecen nuestra mirada, hacen daño. Unas manos tan esque- máticas, huesudas, brutales que nos revuelven y estamos a punto de apar- tar la mirada, sobrecogen, parecen convertirse por momentos en cuchillos inmisericordes. Esas manos que no se borrarán de nuestra mente cuando acudamos a imágenes plásticas con fuerza expresiva. Nada equiparable en pintura. Unas manos que son todo un mundo plástico -como la mano velazqueña de Las Meninas-. De nuevo Goya crea expresividad formal de enorme potencia visual. Es la poética del desgarro, de arrojarnos tripas a la cara y al corazón, de conseguir que podamos adentrarnos en su soledad es- céptica y destructiva por el drama político y personal. Un drama político del que Saturno también da cuenta. El tirano que devora a su propia nación. La represión a la que estaban siendo sometidos tantos llamados patriotas liberales, de los que Goya era amigo. Ojos desorbitados, fauces abiertas, an- tropófagas, gigante avejentado, manos cuchillo, piernas descarnadas, pura estructura ósea, desmaterializada. Blancos, grises, ocres negros, rojos para mostrarnos la violencia de un dinamismo caníbal. Un poema épico de rotunda brutalidad obscena.