Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 161

161 taba enfrentado al que se ha interpretado como el de Leocadia, que en esa ocasión es compuesta con serena quietud pensante, meditando, con la mira- da perdida en un compasivo extrañamiento. Esta obra es una composición que aumenta los habituales desequili- brios compositivos y de encuadre de estas pinturas. La iluminación teatral, antojadiza; parece reflejar una escena nocturna que ilumina el rostro y el brazo ejecutor de la mujer y deja en penumbra el rostro de la vieja acom- pañante, representada en actitud de ruego u oración. (creemos que los to- ques que bordean la mano son excesivos y de una finura impropia de Goya y debidos a Cubells) y donde la figura del hombre queda fuera de visión, tratado más como sugerencia, que como elemento indispensable, lo que da una mayor significación a lo apuntado sobre la posición de la mujer, de las mujeres. Emplea una gama reducida de colores. Como en una gran parte de la serie cuando no aparece el paisaje, la mayor parte de los empleados son negros, ocres, blancos y algún toque sutil de naranjas, aplicados de modo enérgico, con pinceladas muy sueltas y en el caso del rostro y el brazo rojos de Nápoles nacarados, construidas con ancha pincelada de un solo toque, que sugiere un elemento de arrastre más duro que el pincel, posiblemente el plano de una caña o algún tipo de espátula o cuchillo. Rudimentarios ele- mentos, señal de pobreza material o de sabia aventura plástica? Tal vez de las dos cosas.