Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 121

121 la Vinaza, y de la que éste reproduce un párrafo escribe: «... hasta la fecha no se ha hecho estudio detenido de estas pinturas de Goya, que si bien de- coraban las paredes de la quinta que el ilustre pintor poseyó en la margen derecha del Manzanares, no pueden en mi concepto, calificarse de pinturas murales propiamente dichas, porque ni la impresión general de ellas res- ponde a la idea de la pintura mural decorativa. Descúbrese en ellas deste- llos del genio, y también gran originalidad característica del célebre pintor aragonés». Tras la muerte de Francisco Javier Pedro de Goya y cuando su hijo Mariano, al parecer falso marqués del Espinar, trata de vender la finca, se publica una mención muy curiosa e inadvertida en la primera edición (1868) de un libro clásico de nuestra historiografía: la Galería Biográfica de Artistas Españoles del Siglo XIX, de M. Ossorio y Bernard. La mentada referencia es como sigue: Goya. «Idem (Madrid)… Casa del autor, en el ca- mino de San Isidro. Los frescos de la misma, pintados en gran parte con el cuchillo de la paleta, y que a cierta distancia son de efecto sorprendente. Sus asuntos son análogos a los de la posesión de La Alameda». La utilización del cuchillo de la paleta -lo que hoy llamamos espátula- parece referirse a una materia pictórica gruesa, pastosa de mayor textura y viscosidad como el óleo y no a la ligereza más diluida propia del fresco. La Quinta del Sordo se hallaba en estado de ruina hacia 1870 cuan- do el banquero belga, barón Frédéric Émile d’Erlanger, decide comprarla con la intención de rescatar, para su posterior venta, las pinturas que de-