Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 118
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primera década del siglo XX, como acabamos de señalar.
En la Quinta del Sordo dejaba un testimonio, que debido al dete-
rioro de los casi sesenta años trascurridos entre el momento de pintarse y la
siempre delicadísima labor del traslado del muro, junto con una actuación
restauradora, que hoy sabemos no muy afortunada (pero inevitable si se
querían conservar), no es de extrañar que al compararlas con las placas fo-
tográficas que J. Laurent pudo hacer (1863-66), den como resultado que las
pinturas que hoy contemplamos en el Prado muestren algunas alteraciones
que en casos concretos son graves y adulteran enormemente lo que Goya
ejecutó.
En 1855, Mariano, nieto del pintor, al año de morir su padre Javier,
encargó una evaluación de las mismas antes de vender la propiedad, y ya
entonces las paredes estaban en malas condiciones, hasta tal punto que los
expertos que las examinaron, en los años setenta, pensaron que su trasla-
do al muro sería imposible, tal como atestiguan: El Marqués del Saltillo,
Charles Yriarte o G. Cruzada Villamil. No hubo postores hasta su compra
por Segundo de Colmenares, circunstancia que, uno de los testamentarios
achaca a la fiebre amarilla que padeció Madrid en ese año. El 2 de enero
de 1857, D. Bernardo Rodríguez, administrador judicial de los bienes de la
testamentaría de F. Javier de Goya arrienda a D. Santiago Ortiz la Casa
Grande, cuadras, cocheras, fundición de minerales y jardín interior que ce-
rraba la casa. Se da en arriendo «por término de un año o lo que tarde
en venderse la finca pagando por cada año cincomil reales, haciendo los