empleada fue el análisis del discurso sobre 30 registros de observación y 6 entrevistas. La autora
identifica las asimetrías maestro – alumno como un riesgo para generar la violencia pero también
como escenarios de encuentro para la enseñanza y el aprendizaje. También hace la diferenciación
entre disciplina y violencia, concluye que son procesos formativos en los que el estudiante puede
aprender que ser ignorado, descalificado o castigado es inherente a su condición de alumno y
subordinado; que los humanos no son violentos por naturaleza sino que aprenden a ser violentos
o pacíficos por las prácticas y los discursos que forman a sujetos históricos.
Oseguera (2012) realizó una investigación en instituciones de educación media superior,
aplicó una encuesta a 693 alumnos en el estado de Puebla y describió cuatro tipos de violencia
típicos del docente hacia el alumno: física, simbólica, verbal y psicológica, analizó su impacto en
relación a la motivación estudiantil a favor del aprendizaje. Los resultados obtenidos señalan que
efectivamente sigue siendo común la práctica de la violencia docente hacia los alumnos no sólo
en la educación básica, sino sorpresivamente también en la media superior.
Esta investigación describió la incidencia de la conducta violenta del maestro sobre los
alumnos, mediante reactivos que se enfocaron en medir los sentimientos y las emociones que
generó el maestro que violentaba a los alumnos en los diferentes momentos escolares de su vida
académica, los aspectos como la desmotivación académica, el desaliento por aprender y el
abandono de los estudios, así como qué tanto afectó en el alumno el acto de violencia. Por lo que
se refiere a la violencia en el bachillerato, se puede observar que estos estudiantes no han
quedado exentos de sufrir violencia en las diferentes modalidades por parte de sus profesores. Si
bien sólo 3% de los hombres manifiesta haber sido violentado físicamente, lo cierto es que esta
cifra representa a más de tres mil varones; y si le sumamos 1% de las mujeres obtenemos que
más de cuatro mil jóvenes, cuyas edades comprenden entre 14 y 21 años, han padecido algún
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