servicio que las profesiones dan a la sociedad contribuye a que ésta se pueda seguirse
desarrollando y transformando.
Por su parte Augusto Hortal (2002) concibe a las profesiones como aquellas actividades
ocupacionales en las que de forma institucionalizada se presta un servicio específico a la
sociedad por parte de un conjunto de personas, identificadas como profesionales, que se dedican
a ella de forma estable obteniendo como resultado un medio de vida, formando además con otros
que se dedican a la misma actividad profesional un colectivo que obtiene o trata de obtener el
control monopolístico sobre el ejercicio de la profesión y que acceden a ella tras un largo proceso
de capacitación teórica y práctica, de la cual depende la acreditación o licencia para ejercer dicha
profesión. Por otro lado, Juan Manuel Cobo quien considera que en el concepto moderno de
profesión debe incluirse la ética y entiende por profesión:
“Una actividad que se desarrolla mediante unos conocimientos teóricos y prácticos,
competencias y destrezas propios de ella misma, que requieren una formación específica (inicial
y continua)”. (2003:3)
Las definiciones de estos tres profesores universitarios españoles coinciden en algunos
elementos al definir el término profesión: se trata de una actividad social institucionalizada; las
profesiones proporcionan bienes y servicios necesarios para la sociedad: se requiere de una
formación especializada y reconocida para ejercerla y existen colectivos profesionales que
definen normas aceptables para el ejercicio de la profesión, generalmente a través de códigos
éticos. De estos planteamientos se desprende que uno de los papeles fundamentales de las
profesiones dentro de la dinámica de la vida social, es cómo éstas proporcionan un bien que al
hacerlo suyo los destinatarios para quienes se desarrollan los trabajos de la profesión, sus vidas
son afectadas de manera positiva, se generan cambios y se tiene la oportunidad de contribuir al
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