seguido de los que ocasionalmente con un 36%, después un 14% menciona hacer esto Siempre y
un 11% menciona nunca hacerlo.
Finalmente, podemos ver que es los resultados tienden a mostrar el poco avance de la
incorporación de las tecnologías de la información y comunicación en las actividades
académicas, limitándose a un uso casi exclusivo de comunicación en una dimensión informativa,
lo que resulta desafiante para potencializar las tecnologías como instrumentos mediadores del
aprendizaje y orientarlas como un detonador de la acción educativa
CONCLUSIONES
La incorporación de las tecnologías de manera generalizada, y particularmente en el
ámbito educativo parece surgir de la presión de diversas fuerzas como la industria tecnológica
ante la presión de ofertas aparentemente únicas, la presión social en reclamo de acciones inéditas
para mejorar la calidad de la educación, lo que ha empujado a implementar proyectos
desconectados de los objetivos y acciones que forman parte de las políticas (agendas) de los
países, que concluyen en poco o nulo seguimiento de los fines para los que fue otorgado.
Los asuntos de infraestructura y equipamiento que se ven superados por otros asuntos,
tales como las diferencias generacionales en el uso y apropiación de la tecnología entre docentes
y estudiantes, la limitada capacitación recibida por los docentes; y más aún a la resistencia que
muchos de ellos tienen con relación a las tecnologías.
En suma, las tecnologías de la información y comunicación requieren de una mayor
penetración con fines de seguimiento y evaluación, que al final incida con sus resultados como
un relevante elemento para la toma de decisiones institucionales.
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