incrementado en los últimos años. Si bien, el hecho de que un estudiante universitario trabaje
puede ayudarlo a mejorar sus oportunidades al graduarse y lo ubica mejor profesionalmente, está
comprobado que cuando laboran más de 20 horas semanales en actividades fuera de la escuela,
puede disminuir su desempeño académico y aumentar sus probabilidades de deserción.
Para los alumnos que trabajan, es realmente muy difícil acomodar los horarios laborales
con los horarios lectivos, teniendo en cuenta que cada semestre es una lotería y que no hay
uniformidad de turnos, salvo en dos o tres materias por cada año, mismo que en la mayoría de los
casos no tiene el estudiante la manera de acomodar su horario a su comodidad por disposición de
la Institución. En las demás, por ejemplo, uno puede entrar a clases a las 9 horas y salir a las 18
horas,