Cultura tercero, los productos minerales, inalmente, representaron la realidad de un territorio en el que sólo se localizan yacimientos de minerales aptos para la decoración y la construcción( ónix y mármoles); cuarto, se abrieron paso los objetos representativos del nivel cultural y educativo en la región y, inalmente, emergió la colaboración de un sector de la población marginado de los grandes eventos públicos: las mujeres.
Para la exposición parisina de 1900 los objetos reunidos fueron producto de los avances logrados por las instituciones que lorecían al amparo de la paz pública. Órganos de gobierno, asociaciones culturales y empresas no se limitaron a la recolección y presentación de objetos raros o curiosos sino que enviaron objetos representativos de actividades productivas y culturales acompañados de estudios de carácter descriptivo, estadístico, analítico o francamente propagandístico. Por la amplitud de la colección presentada en París en 1900 es imposible hacer un recuento detallado, pero a partir de las solicitudes de admisión de objetos y de los informes dados por el comisario general de México se puede recuperar la participación de las mujeres poblanas: María Acevedo y Sofía Rosas, señoritas Caballero, Concepción Castañeda, Lucía Cervantes, Carmen Isla, Margarita Jaramillo, Refugio Nava, Dolores Vega, expositoras de labores de mano; Margarita Anzures, expositora de trabajos escolares; Paz Montaño, expositora de obras pedagógicas, y María de Jesús Palacios, expositora de jabones inos( Herrera Feria, 2012).
La contribución poblana a la muestra Mexicana en 1900 fue una expresión de los logros de su sistema educativo y del desarrollo de su estructura productiva. Desde los años ochenta se había alentado, tanto en la ciudad capital como en sus distritos, la propagación de la instrucción elemental con el establecimiento de escuelas públicas para niños y adultos y la apertura de clases nocturnas, cursos sabatinos y dominicales para las clases trabajadoras; se había reorganizado la instrucción superior, abriendo nuevas cátedras en El Colegio del Estado y fundado nuevas instituciones como la Escuela de Artes y Oicios del Estado y dos escuelas normales, una para profesoras y otra para profesores, que aunque concentraban su acción entre los habitantes de la ciudad capital también ejercían su inluencia entre los pobladores de los distritos porque estas instituciones estaban obligadas a otorgar lugares de gracia a alumnos sobresalientes del interior del estado.
Observaciones inales La participación de las mujeres en la formación de las colecciones mexicanas que se expusieron en el extranjero durante el siglo XIX fue creciendo en la medida en que se airmaban los gobiernos de tendencia liberal, los cuales demandaban el concurso de todos sus ciudadanos para construir una digna representación de la nación.
En los momentos en que esa construcción tropezó con resistencias e indiferencias los funcionarios del aparato gubernamental recurrieron a la mediación con los productores para que participaran con su personal trabajo, con sus recursos o con su esfuerzo como expositores, y a la inclusión de sectores de la población tra dicionalmente marginados de la toma de decisiones, entre los que se contaban las mujeres.
Inicialmente las mujeres respondieron al llamado gubernamental de contribuir a la digna representación de la nación con las habilidades ganadas de manera empírica en el espacio doméstico, las llevaron a un grado de perfección que resultó útil a esas pretensiones representativas. Y su condición de individuos útiles a la nación les abrió la puerta no sólo a los escenarios expositivos sino, sobre todo, al trabajo asalariado, a la instrucción, a la participación política, en suma, a la esfera de lo público. En la compleja realidad del siglo XIX, donde se codiicó rigurosamente la condición femenina al tiempo que se inauguraban las posibilidades de la ciudadanía, las mujeres no se perciben ni como víctimas ni como heroínas sino como actores sociales que gestionan su participación en la escena pública.
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Ángulos, generando tendencias, núm. 8, dic. 2015