Lourdes Herrera Feria lección de objetos reunidos durante el transcurso de sus exploraciones. Sin embargo, el objetivo estuvo muy lejos de alcanzarse.
Una vez restaurada la república, para el Ministerio de Fomento fue fundamental desarrollar una política orientada a rectiicar la percepción negativa sobre el país que hiciera posible la inversión extranjera y la creación de mercados para los productos mexicanos en el exterior haciendo visibles las bondades de su clima, la laboriosidad de su mano de obra, las ventajas iscales que ofrecía el régimen y su estabilidad política. En esos años, para las elites aincadas en el centro del país orientar la estructura productiva nacional a la exportación de sus productos parecía la única vía para alcanzar la tan ansiada prosperidad legitimadora, perspectiva que era ampliamente compartida por las elites gobernantes en el continente latinoamericano. En consecuencia el gobierno federal asumió la promoción de la exportación como una misión fundamental de su gestión pero se comenzó a advertir que el éxito del modelo dependía no sólo de la existencia de una creciente demanda internacional sino también de una respuesta adecuada a ella de los productores, a la sazón en el papel de posibles expositores.
Un cuarto de siglo después de que iniciaron las exposiciones internacionales el gobierno mexicano estaba en condiciones de exhibir lo aprendido. Funcionarios del Ministerio de Fomento y los productores en calidad de expositores tuvieron en la Exposición Internacional que se organizó en Filadelia, para conmemorar el Centenario de la Firma del Acta de Independencia de los Estados Unidos en 1876, la oportunidad de mostrar sus avances materializados en objetos diversos y en capacidad organizativa.
La exposición de Filadelia fue la oportunidad de México para reinsertarse en los circuitos internacionales y, por lo mismo, fue cuidadosamente valorada su participación. Los funcionarios mexicanos sabían que la nación necesitaba, tanto como la más desconocida, una ocasión a propósito para presentar a la vista del extranjero un indicio de lo que había sido, de lo que era y, sobre todo, de lo que podía llegar a ser.
De manera pragmática se calculó que en los
seis meses que duraba la exposición se podía realizar una importante labor que en otras condiciones llevaría largos años de afanes. Por lo tanto, si se quería sacar el máximo provecho de ese evento no sería suiciente enviar los productos de todo el territorio mexicano si no iban acompañados de aquellas noticias estadísticas útiles que exigía el sentido práctico de los hombres de empresa y de los potenciales inversionistas. Entonces para presentar los objetos mexicanos en Filadelia se debían organizar los trabajos necesarios para recoger noticias estadísticas e históricas, preparar ediciones de folletos explicativos para ser distribuidas de manera gratuita, los cuales debían presentarse en español, inglés, francés y alemán, y debían contener noticias de cada uno de los
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grupos de productos exhibidos, expresando metódica y claramente el lugar de origen de los productos, la cantidad de productos que se podían obtener por distrito; sus costos; los precios de las unidades productivas; los medios y gastos de transporte; sus puntos de venta y los mercados en los que se demandaban; los derechos aduanales; el precio medio del trabajo en la localidad; las condiciones del terreno y el clima; las facilidades de explotación; el número de habitantes; en una palabra, todo lo que un hombre emprendedor necesitaba saber con el in de emplear su trabajo o de invertir su capital. Las instituciones, los monumentos y las antigüedades debían ser presentados en álbumes fotográicos, en esculturas o en publicaciones para indicar el propio interés y para alentar el estudio de los hombres de ciencia.
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