Lourdes Herrera Feria palmente a la difusión de la“ cultura popular”.
En esa primera gran exposición universal de 1851 la participación de México como país expositor fue totalmente marginal, pero aun así se puede apreciar cómo funcionarios, empresarios, políticos y algún audaz expositor asumieron la celebración de este evento como una oportunidad para mostrar al gran público europeo el esplendor de la naturaleza mexicana, dotada de una geografía peculiar que permitía gozar de una primavera perpetua. La trascendencia del evento no pasó desapercibida para algunos mexicanos atentos a lo que sucedía en el ancho mundo; más adelante los veremos aparecer como organizadores y expositores de las colecciones mexicanas que se prepararon en diferentes oportunidades para exhibirse en los escenarios internacionales.
La participación de México en la primera exposición universal pasó casi desapercibida para propios y extraños. Un indicio de la escasa atención que mereció la muestra mexicana es la ausencia de registros documentales sobre preparativos, expositores o productos enviados, sólo en las crónicas periodísticas de la época pueden obtenerse algunas referencias. La Ilustración mexicana reseñó extensamente la exposición nacional, organizada por el ayuntamiento de la Ciudad de México con el in de seleccionar los objetos más notables para integrar la colección mexicana que debía enviarse a Londres, aunque su apreciación fue lapidaria. El mismo autor de esta crónica se ocupó de hacer el recuento de los escasos objetos enviados a Londres:“ un cuadro de camelote, lores de cera, un frasco de aceite de coquillo, un poco de chitle, una escasa colección de maderas, unos cuantos muñecos de cera y ¡ nada más!”( Zarco, 1851: 131).
Después de esta experiencia, y a pesar de la inestabilidad política que campeaba en los asuntos de gobierno, los hombres del régimen alcanzaron a comprender la importancia de lograr una efectiva representación en los escenarios mundiales. Aunque en la segunda mitad del siglo XIX se organizaron más de una docena de grandes exposiciones el gobierno mexicano sólo desplegó los mayores esfuerzos organizativos en aquellas que le permitieron, conforme a lo dicho por los responsables de las muestras,“ presentar a la vista del mundo entero el cuadro de los adelantos artísticos e industriales y de las riquezas naturales de México”( Riguzzi, 1988: 149-151).
La exposición universal que tendría lugar en París en 1855 fue la primera oportunidad de los funcionarios mexicanos para ensayar la puesta en marcha de nuevas formas de organización que sirvieran a los ines promocionales de la joven república. Se involucró a funcionarios en México y a los que estaban apostados en diferentes sedes consulares europeas, principalmente en París. Incluyó la consabida organización de una exposición nacional de objetos de industria y artes en la primera semana de noviembre de 1853, pero a diferencia de lo que había sucedido en 1850, cuando se atendió la invitación a la gran exposición londinense de 1851, esta vez los agentes del Ministerio de Fomento se dieron a la tarea de reunir los artefactos y productos más notables de todos los departamentos y remitirlos a la Ciudad de México para que“ se escogieran los más preciosos” para su envío a la exposición. Del mismo modo se nombró una comisión integrada por funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y de individuos suicientemente instruidos para colocar los objetos enviados por México; además, estaban capacitados para dar todos los informes y explicaciones que requiriesen los miembros del jurado de la exposición( Herrera Feria, 2012).
Al funcionamiento de las dependencias gubernamentales, recientemente formadas, se sumó la participación de individuos agrupados en juntas protectoras. Estas juntas, resabio de la organización social del antiguo régimen, estaban integradas por personajes prominentes de cada localidad que prestaban sus servicios sin remuneración para alentar y promover diversas tareas públicas: asistencia y auxilio a los pobres, educación, salud, higiene y moralización. A la hora de articular la acción social en favor de la digna representación de la nación, la forma tradicional de organización fue reeditada y aprovechada por las nuevas estructuras de gobierno. Los hombres del régimen aprendieron que México no podía concurrir ventajosamente a estos escenarios internacionales sin una intensa y extensa labor de preparación. www. iappuebla. edu. mx 75