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el período de enamoramiento que como todos sabemos, no es propiamente amor, sino más bien un período alterado de conciencia de atracción mutua, presidido por procesos químicos y físicos en ebullición. En esa fase cada uno intenta sorprender y seducir al otro mostrando exclusivamente su mejor versión, su luz. Pero, el amor empieza de verdad cuando conocemos también las sombras del otro y podemos seguir amándole igual que antes. Cuando amamos por igual viendo al otro vestido de fiesta o recién levantado, somnoliento, despeinado y sin arreglar, o cuando conocemos sus reacciones menos adpatativas y más torpes frente a algunas situaciones. Esto, queramos o no, es algo con lo que nos vamos a encontrar cuando la pareja se cosntituye como tal y comienza la convivencia en común.
Todos tenemos diferentes maneras de afrontar lo que no nos gusta del otro. Puede ser a través del diálogo franco y abierto, la aceptación, la tolerancia, la paciencia o la resignación; estas tres últimas son todas ellas versiones más degradadas y menos eficientes de la aceptación, o puede ser a través de la confrontación, la intolerancia, la crítica continua, los enojos, silencios resentidos, etcétera.
Cualquiera de estos modos, los adpatatitivos o los más tóxicos, puede adquirir con el tiempo la categoría de costumbre, cuando se convierte en una reacción automática y previsible. Es un hecho demostrado que todas las parejas tienden a mantener sistemáticamnete 3 ó 4 motivos de
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discusión que se instalan y se mantienen en el tiempo por años, sin llegar a terminar de resolverse definitivamente. Unas veces se gestionan mejor que otras, pero en general, discutir de vez en cuando no tiene por qué ser malo para la convivencia.
Quizás todo va a depender del formato que finalmente tome esa costumbre, pues puede terminar convertida en hábito o en rutina. Veamos la diferencia:
- HÁBITO: Costumbre repetida sistemáticamente pero cuya intención y sentido sigue orientado a construir, mantener
y consolidar la relación, cargándola de buenos momentos, repetitivos y previsibles que generan la sensación de fortaleza y seguridad en la convivencia.
- RUTINA: Sucesión de comportamientos que han perdido todo sentido de creación o mantenimiento de vínculo, lo debilitan, y generan una sensación de debilitamiento, distancia, perdida o vacío en el interior de la convivencia.
Así, cuando los comportamientos
se convierten en hábitos saludables, siguen alimentando la relación y cargándola de sentido cada día.
Puede ser un beso o saludo para iniciar el día, un“ te quiero” susurrado mientras damos el primer sorbo de café mañanero, una sonrisa al despedirse o un pequeño juego privado, íntimo y hasta pícaro, pero cargado de sentido para ambos, que nadie más conoce; puede ser lo que sea, siempre que alimente la pareja, la relación, el vínculo y el sentimiento mutuo, con un refuerzo constante que va adquiriendo sentido y poder precisamente a través de la repetición.
[...] El amor empieza de verdad cuando conocemos también las sombras del otro y podemos seguir amándole igual que antes. Pero, cuando permitimos que una relación se llene de rutinas, la relación entera deja de tener sentido. Se llena de un vacío existencial que lejos de ser liviano, pesa más cuanto más vacío es. De hecho, le faltarán muchas cosas a esa relación, y quizás, lo único que le sobre sea la“ T”, porque la relación y la convivencia se van a convertir sin remedio en una RU-T-INA, en una auténtida ruina.
Puede ser una queja continua, un mal gesto cotidiano al despertar
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, una mala contestación, la costumbre de dejar que las pequeñas desavenencias se diluyan en un silencio resignado o resentido, la ausencia de agradecimiento, la incapacidad de pedir perdón, la tendencia a guardar las ofensas en un saco, esperando el momento de devolverlas con mayor contundencia, la mala cara continua, la falta de celebración cuando hay motivos, entre otras más.
Quizás al hábito también le sobre algo:“ el acento”. Creo que los hábitos son una marvillosa forma de habitar en la pareja en la convivencia con el otro, creando pequeños lazos y nexos privados, que constituyen nudos poderosos difíciles de desatar, que hacen muy sólida y duradera dicha relación. Solo así se aguantan los momentos difíciles, los desencuentros y las discusiones que como hamos dicho, se van a dar en toda relación a lo largo de una vida en común.
Un vínculo así lo aguanta todo sin debilitarse ni resentirse; es una malla de seguridad que nos aguanta y nos sostiene sin daño cuando nos caigamos de la cuerda floja que es vivir. Es más, el simple hecho de saber que está ahí impide que nos caigamos en muchas ocasiones. Un buen hábito no puede terminar tempranamente con una discusión abrupta, pues envía el mensaje de que el amor está siempre por encima de cualquier diferencia.
Para terminar, y continuando con el juego de palabras que siempre resulta entretenido, les comparto lo que para mi consideración significa el acróstico de la misma palabra
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| summacoaching | Marzo 2018 |
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