La calidad del proceso de enseñanza y aprendizaje constituye una
ocupación y preocupación en los diferentes sistemas educativos a nivel
internacional. En este sentido, el poco protagonismo de los estudiantes en la
producción de nuevos saberes constituye un desafío para el alcance de la
excelencia educativa y para responder a una formación adecuada para la vida,
tomando en consideración que todo proceso de aprendizaje, desde los
primeros años de vida, constituye un eje central en la formación del hombre
como ser social e individual.
La llamada crisis de los valores en las sociedades impacta en las
instituciones educativas; pues la globalización, no de la solidaridad, sino de
hegemonismos - nada beneficiosos para las grandes mayorías - erosiona el
proceso de formación de la nueva generación que hoy está en las aulas. Tales
presupuestos descansan bajo el criterio del periodista y escritor uruguayo
Galeano (2014a), cuando expresaba que: “[…] el mundo al revés premia al
revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de
escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza:
la injusticia, dicen, es la ley natural” (pág. 5).
No sería realidad ajena, entonces, que tal situación exigiese un
repensar de la Educación en toda su dimensión, uno que sobrepasase el mero
hecho de instruir o abordar contenidos de las diferentes asignaturas que en
los currículos se plasman, para englobar todo un sinnúmero de plataformas en
donde el estudiante sea el protagonista y hacedor de conocimientos. Este
repensar de la Educación, entre otras de sus aristas, requerirá analizar, sin
duda alguna, cuáles serán las metodologías a seguir, qué métodos son los
más apropiados a utilizar y cómo asumir el rol de docente y de estudiantes en
el quehacer sistemático y en cada una de las unidades educativas, siempre en
pos de facilitar el fomento de una formación ciudadana con pertinencia social.
Dando continuidad al pensamiento de Galeano (2014b): “el mundo al
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Arbitrado
1. Introducción