Entre los manuales de filosofía y pensamiento político que se escribirán
dentro de cincuenta años, probablemente el nombre de Byung-Chul Han
aparezca como uno de los referentes más lúcidos de la reflexión filosófica de
inicios de nuestro siglo. El autor surcoreano, radicado en Alemania, ha logrado
sorprender a la comunidad académica mundial y se ha ganado un merecido
puesto en las bibliotecas de intelectuales, académicos, expertos en estudios
filosófico-políticos, sociales y antropológicos, y estudiosos en general.
Byung-chul Han logra concentrar temas de complejo calado en ensayos
normalmente cortos y de no más de doscientas páginas. Utiliza un lenguaje
simple, que no raya la mera simplificación banal, sino que aspira a explicar
cuestiones profundas desde un discurso pulido y sin excesivas complicaciones
terminológicas. El lenguaje filosófico que articula el ilustre pensador divide los
argumentos en sentencias breves, pero de amplio contenido conceptual. Su
estilo no consiste meramente en amalgamar oraciones sugerentes, más bien,
modula sus reflexiones a partir de pensamientos que se transmiten de forma
directa, sin incurrir en divagaciones superfluas enredadas entre párrafos con
giros expresivos de difícil comprensión.
No cabe duda de que una de las virtudes más destacables de la obra
de Han es su estilo. No conviene confundir este estilo con supuestas frases de
dudosa inspiración –pero de aparente ingenio– que en algunas ocasiones
encontramos en las redes sociales. Las sentencias de Han no culminan en
meros Hashtags. Tampoco es una escritura que aspire a explicar filosofía de
forma pedagógica, es decir, que pretenda hacer entendibles complejos
pensamientos a principiantes. Han no es un escritor de manuales. Sus agudas
críticas a los grandes filósofos vienen precedidas de explicaciones breves y
condensadas sobre las ideas y sistemas de pensamiento de estos. Sin
embargo, implanta una personalidad dentro de dichas explicaciones, en las
que se denota una comprensión e interpretación originales.
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Arbitrado
1. Introducción