REVISTA SAPO REVISTA SAPO 09 | Page 82

En el único punto en que sí lo recibieron fue en la casa de una señora, de unos 60 años. El negocio de los compradores de combustible robado es revender el diésel a las mismas compañías que contratan a Patricio. Vale decir, los dueños de los camiones terminan comprando su mismo petróleo, aunque a un precio menor que en el mercado formal. Esto, al parecer, es muy común en el rubro de los camioneros chilenos, ya que todos los lugares donde pasamos tenían varios tambores llenos, cada uno con 100 litros de combustible. Patricio nos hizo saber que si queríamos el dinero de vuelta, teníamos que ayudarlo. Si nos poníamos muy preguntones, correríamos el riesgo de quedarnos tirados en la carretera y sin dinero. Resignados, decidimos hacernos parte. Apenas nos bajamos del camión, Patricio comenzó a darnos instrucciones. Mi compañera tuvo que colocar una cubeta bajo el camión, mientras que mi labor era tomar una pistola de aire comprimido y bombearlo dentro del motor, para que el combustible se moviera por los ductos internos y llegara finalmente al filtro, el que al rebalsarse, comenzaría a chorrear el diésel sobre la cubeta. Todo esto era vigilado de cerca por Patricio y por la dueña del lugar, que nerviosa se paseaba de un lugar a otro. De pronto, le dijo que ya no quería más combustible, que le pagaba lo que había sacado y que se fuera rápido. Patricio trató de convencerla, pero no tuvo suerte, por lo que nos subimos al camión y tuvimos que seguir nuestro rumbo. www.revistasapo.com 82