Solía escribirte poemas en secreto, en la madrugada donde la espesura de la arena me
cubría los pies y el alcohol refrescaba mi pecho que ardía ante el calor hiriente. Solo la
luna podía descubrir entre mis piernas el cansancio de pensarte una y otra vez, como si
solo el holograma de tus pechos diminutos en mi mente junto con la fricción pudieran
apaciguar esta obsesión de que cabalgaras en mis montes, con la rapidez y el desenfreno
que rescatabas una vez descalza en los pasillos de ese monumento que se caía a pedazos.
La playa dormía con las olas refrescando el menhir que se alzaba en mí, como un obelisco
intentando tocar el cielo. Era un volcán cada vez que imaginaba tu sexo cubierto de
arena, con el sol quemándonos la piel. Queriendo cocinar tu caracola con mi lengua. Tu
conchita acuosa. Pero como decirte que solo quiero meter este amor dentro de vos solo
una noche para quedarme con tu recuerdo por siempre y partir lejos de ese sol que tanto
recubre tu boca. Porque tenerte todos los días sería un fastidio, tener que aguantarme
las noches en que sangrás, soportar tu histeria, tus ganas de asfixiarme con tus pechos
rugosos cuando envejezcas, los gritos de tus hijos, los pelos en las piernas cuando no te
depilás, verte afeitar el bigote, escucharte roncar por las noches. Que solo me interesa el
frío de la soledad, el whisky y las putas caras levantando mis ensueños. Que me quiero
embriagar en un burdel y terminar en mi cama destrozada con botellas vacías por toda la
habitación, con los pies ensangrentados de pisar vidrio y mierda y masturbarme con tu
imagen de virgen calentona. Que quiero inmortalizarte en una noche para toda la vida,
robarte un beso en lo oscuro mientras todos bailan y leen a malos poetas escribiendo
sobre amor. ¿Qué es el amor si no una sucesión de frases cursis, de parejas burguesas
que fingen amarse para toda la vida, que creen que con un ramo de rosas van a arreglar
todas las mentiras, los engaños y cubrir que tienen una amante a la vuelta de la esquina
esperando para arrancarle los gemidos que ellos esconden para que no escuchen los
hijos? Yo quiero destrozarte los pechos con los dientes, arrancarte el clítoris con mi
lengua, enterrar mi miembro en tus tetas, y bañarte con mi lava corrosiva quemando tu
vientre hasta hacerlo sangrar, colisionar con tu cuerpo hasta encendernos y quemarnos
vivos. Quiero morir en vos.
Marlene Ayala Nació en Bs.As. Actualmente vive en la Rioja,
En 2013 publicó su primer libro de poesía erótica: "Donde solíamos gritar poemario de
una ninfómana.