Dedicado a la impunidad
En San Luis si las caras hablaran más de la cuenta, tendría
que retirarme a los tétricos laberintos que se esconden
en mi memoria y quedarme ahí hasta que reviente el
punto y la soga se corte por el lado más fino. Las
oscuridades se revelan taciturnas y siempre a salón
cerrado. Las miradas parcas pueden eclipsar en el
momento menos esperado, y se cruzan y ya comienza el
tironeo verborrágico, y ya la violencia de quienes tienen
la chicana más potente.
Esa tarde creí que todo iba a deglutirse como cualquier
tarde, vino, charlas que ruedan en la calesita de lo
repetitivo, algún porro y a la cama
a esperar que la mañana se caiga encima cuando la
parada del colectivo se llena de obreros de esta patética
historieta. Pero la comedia de lo absurdo se preparada
tras bambalinas para tirarse con los colmillos sedientos a
mi cuello. Da risa pensar que cuando llegó el patrullero
yo les dije a los chicos que me dejaran hablar a mí. La de
siempre, contra la pared, quién está fumando un “fasito”,
y esa muestra de desprecio por la cultura y el buen gust ]YH]Y\