Revista Perniciosa 2 | Page 11

ABRIRÁS TU CUERPO AL VIENTO Mamá, el útero es un pequeño cuarto. Un cuarto, cuyas puertas dan al río. Un sitio oscuro donde sueño con peces. Y veo, monstruos. Me asusto, me arranco el cordón umbilical y escribo con sangre tu nombre: mamá. Es verdad que los niños al igual que los muertos al sol, poco duran. Ni siquiera las sombras permanecen lo suficiente. Veo un montón de perros extraviados olfateando en torno al cuerpo recién ultrajado. Veo moscas, unas nubes gruesas que atraviesan con dificultad el cielo. Espantapájaros incendiados. Entrecortadas caen las lágrimas y lo único que ves, es lo que ya no está. El reposo de la sangre tras el sacrificio. Los cuerpos sobre la orilla, incapaces de advertir, lo que les espera. El aguijón dispuesto a atravesar la blanda membrana. Mamá, mis días ya han sido disueltos. No habrá útero que contenga el polvo, y lejos de mí, libre de mí, abrirás tu cuerpo al viento. Un padre no debe gemir cuando mata Se pueden ver pedazos de cuchillas unas cuantas latas oxidadas reminiscencias de una época en que al borde del horizonte siempre, siempre titilaba una luna deshecha los rostros por la avenida parecen avanzar en cámara lenta distantes/indiferentes sin pensar en la lluvia que enmudece la noche es que un padre no debe gemir cuando mata Y ya nunca te salís de mí Cuando me desnudo te me apareces con mis muñecas dispuesto a asaltar mi infancia a punta de pistola me arrinconas y ya nunca más te salís de mí te quedás pegado sin soltar un grito habitante imprevisto de mi carne Ayelen Pilmayken. Nació en el Divisadero en 1992. Pertenece a la etnia olongasta.