ABRIRÁS TU CUERPO AL VIENTO
Mamá, el útero es un pequeño cuarto. Un cuarto, cuyas puertas dan al río. Un sitio oscuro donde
sueño con peces. Y veo, monstruos.
Me asusto, me arranco el cordón umbilical y escribo con sangre tu nombre: mamá.
Es verdad que los niños al igual que los muertos al sol, poco duran. Ni siquiera las sombras
permanecen lo suficiente.
Veo un montón de perros extraviados olfateando en torno al cuerpo recién ultrajado. Veo moscas,
unas nubes gruesas que atraviesan con dificultad el cielo. Espantapájaros incendiados.
Entrecortadas caen las lágrimas y lo único que ves, es lo que ya no está. El reposo de la sangre
tras el sacrificio. Los cuerpos sobre la orilla, incapaces de advertir, lo que les espera. El aguijón
dispuesto a atravesar la blanda membrana.
Mamá, mis días ya han sido disueltos. No habrá útero que contenga el polvo, y lejos de mí, libre de
mí, abrirás tu cuerpo al viento.
Un padre no debe gemir cuando
mata
Se pueden ver pedazos de
cuchillas
unas cuantas latas oxidadas
reminiscencias de una época
en que al borde del horizonte
siempre, siempre
titilaba una luna deshecha
los rostros por la avenida
parecen avanzar en cámara lenta
distantes/indiferentes
sin pensar en la lluvia
que enmudece la noche
es que un padre no debe gemir
cuando mata
Y ya nunca te salís de mí
Cuando me desnudo
te me apareces
con mis muñecas
dispuesto a asaltar mi infancia
a punta de pistola
me arrinconas
y ya nunca más te salís de mí
te quedás pegado
sin soltar un grito
habitante imprevisto de mi carne
Ayelen Pilmayken. Nació en el Divisadero en
1992. Pertenece a la etnia olongasta.