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que armas mágicas que ningún golpe podía partir, empleó su tiempo libre en fabricar
setecientos anillos exactos al que su mujer le había regalado. Una vez terminados, los
ató uno con otro. Pero una noche, tras regresar de la caza, encontró que alguien se había
llevado uno de los anillos, dejando los otros intactos y sus esperanzas se vieron
renovadas, ya que se dijo a sí mismo que su esposa había estado allí y pronto regresaría
para quedarse.
La misma noche, sin embargo, fue sorprendido mientras dormía y atado y hecho
prisionero de Nidud, rey de Suecia, que se hizo con su espada, una selecta arma con
poderes mágicos que guardaba para uso propio y con el anillo de amor hecho de puro
oro del Rin, que posteriormente le dio a su única hija, Bodvild. Mientas, el infeliz
Völund fue conducido cautivo hasta una isla cercana donde, tras ser desjarreteado para
que no pudiese escapar, el rey le puso a forjar armas y ornamentos continuamente para
su uso. También le exigió construir un intrincado laberinto, e incluso hoy en día, en
Islandia, los laberintos se conocen como "casas de Völund".
La rabia y la desesperación de Völund crecía con cada nuevo insulto que le profería
Nidud y empleaba noche y día para pensar en un modo de vengarse. Tampoco se olvidó
de planear su escapatoria y durante los descansos entre trabajo y trabajo fabricó un par
de alas similares a aquellas que su esposa había utilizado para escapar como valkiria,
que él pretendía ponerse tan pronto como su venganza hubiese sido realizada. Un día el
rey fue a visitar a su prisionero y le trajo la espada que le había robado para que la
reparara. Sin embargo, Völund la sustituyó astutamente por otra arma tan exactamente
igual a la espada mágica como para engañar al rey cuando viniese a reclamarla. Unos
pocos días más tarde, Völund atrajo a los hijos del rey a su herrería y los mató, tras lo
cual fabricó ingeniosamente vasos de beber a partir de sus cráneos y joyas a partir de
sus ojos y dientes, entregándoselos a sus padres y hermana.
La familia real no sospechó de dónde procedían, por lo que estos regales fueron
aceptados con gozo. Mientras que los pobres jóvenes, se cree que fueron arrastrados al
mar y ahogados.
Algún tiempo después, Bodvild, deseando tener su anillo arreglado, también visitó la
cabaña del herrero, donde, mientras esperaba, bebió confiadamente de una droga mágica
que la sumió en el sueño y la dejó a merced de Völund. Habiendo concluido su último
acto de venganza, Völund se puso inmediatamente las alas que había estado preparando
para este día y, cogiendo su espada y su anillo, alzó lentamente el vuelo. Dirigiéndose
hacia el palacio, se posó fuera de alcance y le relató sus crímenes a Nidud. El rey, fuera
de sí de rabia, llamó a Egil, hermano de Völund, que también había caído en su poder y
le ordenó que utilizara sus maravillosas dotes de arquero para abatir al insolente pájaro.
Obedeciendo una señal de Völund, Egil apuntó hacia una protuberancia bajo su ala,
donde se ocultaba una vejiga llena de sangre de los jóvenes príncipes y el herrero
escapó volando triunfante e ileso, declarando que Odín le entregaría su espada a
Sigmund, una predicción que se vio debidamente cumplida.
Völund se dirigió entonces a Alfheim, donde, si la leyenda está en lo cierto, encontró a
su amada esposa, siendo por siempre feliz junto a ella hasta el ocaso de los dioses.
Pero incluso en Alfheim este diestro herrero siguió ejerciendo su oficio, y varias
armaduras impenetrables, que se dice que él fabricó, son descritas en poemas heroicos