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fuese vulgar o impuro se le permitía su presencia dentro de sus recintos, y allí vivía en
perfecta armonía junto a su joven esposa Nanna (flor), la hija de Nip (brote), una bella y
encantadora diosa.
El dios de la luz estaba bien versado en la ciencia de las runas, que estaban escritas en
su lengua; él conocía bien las diversas virtudes de las flores, una de las cuales, la
camomila, era llamada "la frente de Balder", porque era tan inmaculadamente pura
como esa parte de su rostro. La única cosa oculta ante los radiantes ojos de Balder era la
percepción de su propio destino.
El Sueño de Balder.
Ya que era tan natural que Balder el hermoso estuviera sonriente y feliz, los dioses
comenzaron a darse cuenta de un cambio en su comportamiento. La luz se fue
gradualmente de sus ojos azules, una expresión de ansiedad invadió su rostro y sus
pasos se volvieron pesados y lentos. Odín y Frigg, percatándose del evidente
abatimiento de su amado hijo, le rogaron con ternura que les revelara la causa de su
tristeza. Balder fue cediendo finalmente a sus anhelantes ruegos, confesó que sus
sueños, en vez de ser tranquilos y reparadores como antaño, se habían visto
extrañamente alterados por oscuras y opresivas pesadillas, las cuales, aunque no podía
recordarlas cuando se despertaba, le perseguían constantemente con una vaga sensación
de miedo.
Cuando Odín y Frigg oyeron esto, se sintieron muy desasosegados, aunque prometieron
que nada dañaría a su universalmente amado hijo. Sin embargo, cuando los inquietos
padres discutieron posteriormente el asunto, confesaron que también ellos se habían
visto asaltados por extraños presentimientos y, llegando finalmente a creer que la vida
de Balder estaba seriamente amenazada, procedieron a tomar medidas para evitar el
peligro.
Frigg envió a sus sirvientes en todas direcciones, con órdenes estrictas para exigir a
todas las criaturas vivientes, todas las plantas, metales, piedras, de hecho, toda cosa
animada o inanimada, que pronunciaran el solemne juramento de no hacerle daño
alguno a Balder. Toda la creación hizo enseguida su juramento, ya que no existía nada
sobre la tierra que no amara al radiante dios. Los sirvientes regresaron hasta Frigg,
informándole que todos habían jurado debidamente, excepto el muérdago que crecía
sobre el tronco del roble a las puertas del Valhalla, aunque era, añadieron, una cosa tan
inofensiva e insignificante que no había nada que temer.
Frigg reanudó entonces su hilado con gran alegría, ya que estaba segura de que nada
podría perjudicar a su hijo que amaba por encima de todo.
La Profecía de la Vala.
Odín, mientras tanto, había decidido consultar con una de las profetisas o valas muertas.
Montado sobre su corcel de ocho patas Sleipnir, cabalgó a través del palpitante puente
Bifröst y por el accidentado camino que conduce a Gjallar y la entrada de Niflheim,
donde, tras dejar atrás a Helgate y el perro Garm, penetró en la oscura morada de Hel.