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asta echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar lo fácil que
resulta encontrarse con frases del estilo: «no
opino sobre Alonso porque la
capacidad crítica de sus seguidores es prácticamente nula»,
cuando lo que existe en quienes
las pronuncian es auténtico miedo a mojarse, que ya sabemos
que si resultas favorable al asturiano en España, te conviertes de inmediato en un alonsista cualquiera y eso, resta puntos
de credibilidad.
Sin duda es mucho más rentable ser crítico con el de Oviedo
o no opinar sobre él. En todos
los sentidos. Se ganan seguidores en redes sociales porque
ofrece una pátina de santidad
que para si quisieran esos locos
que carecen de capacidad crítica, y si se ejerce de redactor en
cualquier portal de internet o de
periodista en prensa, barniza de
equidistancia y objetividad
cualquier artículo, por malo
que este sea.
No me interesa ese tipo de ob-
jetividad y equidistancia. El Nano es el mejor embajador de la
Fórmula 1 aunque Bernie no se
lo quiera reconocer en público.
Mueve un párpado y la prensa
mundial y española buscarán inmediatamente un significado secreto. Guiña un ojo o tuerce el
gesto, y sucederá otro tanto. Y
es así porque aunque se quiera
negar, Alonso está marcando la
época deportiva que nos ha tocado en suerte vivir, siendo en
la actualidad uno de los principales focos de interés del Circus, y
no sólo aquí, en casa, sino también allende nuestras fronteras.
Su apellido es sinónimo de
Fórmula 1 y vende, no conviene
olvidarlo.
EGOISMO Y TITULOS MUNDIALES
También es verdad que a los que
no quieren opinar sobre Fernando porque la capacidad crítica de
sus seguidores es prácticamente
nula y tal, se suman los Peñafiel,
Quintana, Massa, Trulli, Villeneuve Jr., que nos recordarán a todas horas lo egoísta que resulta
el asturiano. Pero ahora bien,
esto del egoísmo no parece
mal camino en Fórmula 1.