Y
se nos fue genio, y nació un mito. Un 1 de Mayo de 1994 el
mundo de la F1 entraba en estado de shock. El circuito de Imola
nos arrebataba para siempre a
un genio, algo más que un piloto. Un tres veces
Campeón del Mundo nos dejaba tras un fin de
semana fatídico, en el que los accidentes fueron
una constante y en el que el también piloto Roland Ratzemberger fallecía el día anterior a bordo de un Simtek que hace unos meses iba a ser
el monoplaza del primer equipo español de F1
de la historia: el equipo Bravo F1. Sólo el cambio
de cartas que hizo el destino en el último momento impidió que ese coche fuera español y
quien sabe si uno de sus pilotos Jordi Gené, que
ya estaba apalabrado.
Pero volvamos a Senna, a Ayrton. Mucho es lo
que ha cambiado desde aquel fatídico 1 de
Mayo, en el que la F1 se prometió a si misma
mejorar la seguridad hasta unos niveles donde
los pilotos no volvieran a protagonizar noticias
sobre fallecimientos. Durante un tiempo ha sido
así, y bien es justo recordar que el habitualmente criticado Max Mosley hizo mucho por la seguridad. De un tiempo a esta parte, sin embargo,
las cosas han cambiado. Maria y Jules han pagado el precio. La vida cambió mucho ese 1 de Mayo para todos los aficionados a la F1. Nació un
mito, sí, pero nos dejó un piloto que hacía verdadera magia al volante. Y sin embargo, aun
dejándonos, Ayrton se hizo inmortal…