tener sentimientos rencorosos hacia el ofensor, aunque no tenga el deseo de restablecer la relación. Este concepto puede ser útil y abre la posibilidad de experimentar los beneficios del perdón en situaciones donde sería contraproducente o existiera un peligro si se mantuviera o se restableciera la relación con el agresor; o en circunstancias en las que ya no es posible tener contacto con esa persona por lejanía, muerte, etc. También es importante mencionar que perdonar no significa aprobar las acciones cometidas en contra nuestra. El perdón se da con el pleno conocimiento de que las acciones del otro nos hicieron daño. En este sentido, el perdón es un acto misericordioso hacia el ofensor.
Cuando pensamos en el perdón, nuestra atención suele enfocarse en la persona que nos ofendió o hizo daño; en la práctica, el perdón está centrado en nuestra persona: nuestra voluntad, nuestros sentimientos, nuestras actitudes y nuestras acciones. El acto de perdonar no depende de la otra persona, depende más bien de nosotros. Por lo tanto, siempre tenemos la opción de perdonar, y al perdonar recobramos la soberanía de nuestras emociones y actitudes relacionadas con el incidente. Aunque el perdón tiene implicaciones para la persona que es perdonada, psicológicamente hablando los efectos más importantes del perdón se dan en nosotros mismos. Perdonar tiene muchos beneficios para la persona que da este paso. Entre estos beneficios están los siguientes: el perdón facilita cambios favorables en el estado emocional y sentimientos de la persona, lo cual lleva a una sanación psicológica, mejoría en la salud física y mental, y restauración del sentido de poder personal, etc. 2 Perdonar también ayuda a restaurar el sentido de identidad de la persona, para que ésta ya no se vea simplemente como una víctima( soy una persona débil, herida, afectada, etc.), sino que pueda alcanzar un concepto más positivo y completo de su identidad( soy una persona fuerte que pudo sobrellevar dificultades, soy
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Ibid.
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