La escuela del perdón
Mauricio Jazo, MSpS
– Padre, me acuso de no saber perdonar. Es más, ni de querer perdonar. Mire, por dentro me hierve la sangre nomás de recordar lo que dijo y lo que me hizo el desgraciado(¡ ay!, perdón también por dejarlo sin gracia)… Me confieso que formo parte del club“ perdono, pero no olvido”. Y, para colmo de males, cuando me topo con él, siento una tremenda tensión en mi panza, se me contraen los músculos del cuello, aprieto la mandíbula, el corazón endurecido, mi mirada quiere fulminarlo y mi cabeza a punto de estallar por el deseo de venganza … A propósito, también me confieso que quisiera inscribirme en el club“ el que la hace, la paga”.
– ¿ Sabes, hijo, lo que en este momento le escucho decir a Jesús sobre ti a su amadísimo Padre?
– ¡ No! ¿ Qué dice de mí?
– Le está diciendo: « Padre, perdónalo, porque no sabe perdonar ». Así que, la buena noticia es que no sólo estás perdonado, sino que Jesús te da la bienvenida a la escuela del perdón. Es su Corazón y, desde ahí, aprendes las primeras lecciones:
• Dios no se cansa de perdonarte. No te canses de pedirle perdón.
• Perdonar no es olvidar. Mejor intenta soltar tu deseo de desquite.
• La mejor“ venganza” es el
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