Revista Insurrección Insurrección 705 | 页面 39

de dolor, su esposo un minero artesanal había muerto hace poco sepultado por una roca, dejándola viuda a los 30 años de edad y con una pequeña hija de seis años. Su primo era el único familiar que le quedaba, porque hacía 4 años en un ru- dimentario transporte fluvial su padre y madre murieron ahogados, cuando la frágil embarcación naufragó llegando al Banco Magdalena. Su esposo era buen padre y buen vecino, él con su fuerza y sudor arrancaba de las entrañas de la Serranía de San Lucas las pelusas de oro que les per- mitían sobrevivir; cada fin de semana llegaba a Monterrey a venderlas para comprar el mercado y los dulces para su adorada hija, tesoro de los dos espo- sos, a quien pensaban darle estudio hasta convertirla en doctora. Hortensia tenía la certeza que el último pensamiento de su malogrado espo- so fue para su pequeña hija. Durante una semana 10 guerrilleros elenos junto a los mineros lucharon infructuosamente para rescatar su cadáver pero no lo lograron, por lo que el cura del pueblo declaró el sitio de la inmensa roca como Camposanto. Muertos sus padres, su esposo y su primo, ella y su hija estaban completa- mente solas en el mundo, y aunque acrisolada por los golpes no estaba dis- puesta a considerarse derrotada. Las alivia que la comunidad las quería a ambas, a ella por honrada, trabajado- ra y buena madre, y a Nita -como llaman a Ana Rosa-, por afectuosa y buena estudiante; Nita no perdía un día de clase y portaba orgullosa el bolso para echar los cuadernos que el profesor le regaló por ser la mejor alumna. Los campesinos denunciaron la barbarie Finalizando junio la tensión no podía ser mayor, las comunidades se alista- ban para movilizarse porque además del ataque a Cerro Burgos, el 11 de junio otro grupo paramilitar de 100 hombres quemó el Corregimiento de Vallecito en San Pablo, donde asesinó a varios campesinos y desplazó a todos su ha- bitantes. Las comunidades decidieron movilizarse hasta la cabecera municipal de San Pablo, pero dejaron a un pequeño grupo -entre ellos, Hortensia- encargado de cuidar las casas de Monterrey, las mujeres, niños y ancianos que no llevaron a la movilización. MEMORIA COLECTIVA 39