La hora actual, después del acuerdo con las FARC-EP, es inmensamente do-
lorosa, por los asesinatos sistemáticos y selectivos de lideresas y líderes
comunitarios, de exguerrilleros cobijados por el Acuerdo de Paz, y la muer-
te en acciones violentas de soldados y policías.
Usted nos convocó: “Colombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro
llevando el abrazo de paz, libre de toda violencia, esclavos de la paz, para
siempre” (Despedida en Cartagena).
Creemos, Santo Padre Francisco, que la Iglesia Católica, desde sus comu-
nidades en los territorios hasta sus organismos en el país y en América
Latina y Caribeña, tiene la fuerza espiritual de vida victoriosa y reconcilia-
da para jalonar y acompañar procesos, con pasos concretos, hacia la paz
común, el bien común y el cuidado de la “casa común”.
Sobre todo, en estos tiempos de amenaza constante y letal sobre la
vida de quienes construyen paz y denuncian aquellos poderes que
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CARTAS