veda, cuyas banderas eran la defensa del territorio ante el avance de
la empresa transnacional petrolera Tropical Oil Company (TROCO),
explotadora de yacimientos entre Barrancabermeja y San Vicente.
Este era el espíritu revolucionario del San Vicente de Chucurí de ese
entonces.
Mientras tanto sus últimas calles empedradas le daban paso al pavi-
mento y con ello todo iba cambiando poco a poco. Y como todo pueblo
colombiano que se respete, tiene auténticas cosas de las que la gente
no quiere hablar, porque San Vicente tenía la Calle de la mierda, cuyo
origen se desprende de su nombre, la que vivía en las sombras por-
que allí no llegaba la electricidad del municipio y estaba bordeada de
tupidos matorrales.
El Chure era famoso porque queda adyacente de la quebrada Las Cru-
ces, por lo que una creciente de sus aguas arrastró las casas de le-
nocinio, donde pecaban tanto los de a pie como los de más arriba,
escondidos allí para que el público no los colocara en el ojo del hura-
cán con su familia, en particular con sus esposas a quienes juraban
fidelidad ante el altar de Dios.
Sus habitantes no llegarían a 20 mil pero las actividades comerciales
eran dignas de valorar.
Las tres tiendas de abarrotes se mantenían surtidas y los dueños de
Puerto Nuevo, El Dandy y La Campana sabían sin equívocos a quie-
nes fiarle y a quienes no.
El bar mas respetable era el Café Tívoli, los sábados y domingos su
puerta principal se mantenía atestada de hombres mayores de 21
años, tomando cerveza y jugando billar, por supuesto que era necesa-
rio ser mayor de edad para entrar, los menores que se colaban eran
arrestados por la Policía.
La Esquina de los varados era el sitio para enganchar los trabajado-
res ambulantes, estaba por la calle del Hospital, a media cuadra abajo
de la Farmacia de Don Germán Rojas que abría sus puertas frente al
atrio de la Iglesia.
MEMORIA COLECTIVA
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