Revista Huracán - Edición número 12 Edición 12 | Page 22
40 AÑOS CON LA
CAMISETA DEL GLOBO
“HURACÁN ME DIO VIDA”
Por Laura Corriale
¿Quién es Sebastián Barloco?
Un “tipo” sencillo. gaba de conseguirme los patines y acondicionármelos.
Creé una relación padre-hijo única que voy a agrade-
cer siempre”.
Así se presenta humildemente Sebastián, el deportista
del Globo que ha defendido la camiseta quemera por
más cantidad de años (40, para ser exactos). Pero no
solo a ese enorme logro se limita su carrera en el hoc-
key sobre patines: en la pista se consagró campeón
más de quince veces con Huracán. Y como una constante en su carrera, la palabra “sen-
cillez” que utilizó para autodefinirse no aparece en el
desarrollo como deportista. “No teníamos patines, en-
tonces al principio utilizaba unos artísticos que conse-
guía. Todos mis compañeros frenaban, daban vuelta y
Y aunque él se presente como “sencillo”, paradójica-
mente esa característica no se presenta para nada en
sus comienzos, donde las cosas no fueron automáticas
ni fáciles.
“Me mudé con mi familia a Parque Patricios cuando
tenía 5 años, en 1979.Y desde ese momento, tomé el
edificio de Avenida Caseros 3159 como mi patio de
juegos, aunque no fue automático. Mi papá era fanáti-
co del fútbol y me llevó a jugar a Piraña, el Polidepor-
tivo Patricios y hasta a Independiente. Pero, aunque
me gustaba, no me fascinaba. Volví a la sede social e
hice todas las actividades, desde básquet hasta pelota
paleta. Incluso nos metíamos por la ventana a jugar
cuando el club estaba cerrado y nos corría el sereno
(risas)”.
Sin embargo, hay un momento puntual que cambia
para siempre la historia de nuestro protagonista: esa
noche en la que conoció el hockey sobre patines, pero
le cerró la puerta. “Me acerqué al profesor que esta-
ba a cargo y le dije que quería jugar. Como no sabía
patinar, me dijo que no servía para eso, y la verdad es
que me frustré mucho, porque quería aprender. Volví a
casa ‘súper’ enojado, pero convencido de que yo que-
ría practicar esa disciplina”, recuerda.
Después de practicar al punto de gastar totalmente
unos patines que le habían prestado, regresó a la pis-
ta quemera para no irse nunca más. “Mi papá no lo
aceptaba, me decía que tenía que jugar a la pelota.
Después de dos o tres años, me vio tan decidido que
hasta fue delegado del deporte en Huracán y se encar-
yo seguía de largo. Además, las botas de los patines
eran muy altas, entonces le pedí a mi papá que las cor-
te así mis compañeros no me cargaban más”.
¿Cómo fue ir avanzando hasta la Primera División, ese
lugar tan lejano que observabas de pequeño?
Fue duro, como en todo deporte lo es el ascenso de
categorías. Uno aspira a eso, pero no sabés si vas a
llegar. Sin embargo, yo siempre planifiqué el día a día,
sabiendo que el sueño siempre era la Primera de Hu-
racán. No existía otra cosa: ni San Juan, ni Mendoza,
ni Europa. Acá en el Globo siempre tuvimos buenos
equipos, pude formar grupos de excelente nivel. Inclu-
so, a veces me tocó estar en el banco por mi contex-
tura más chica. Eso me obligó a esforzarme el doble y
tomar más impulso para llegar a la Mayor.
¿Cuándo tomaste consciencia de que lo habías con-
seguido?
El fruto de todo ese esfuerzo llegó con la primera ci-
tación de la Selección Porteña. Muchos de los chicos
que en su momento cuando empecé me cargaban,
después resultaron muy buenos compañeros. Cuando
ya tuvimos edad de Juveniles o Cadetes y se formó la
Selección de Capital, al único que llamaron fue a mí.
Entonces, ahí me di cuenta que la estatura no era lo
que influía, sino el esfuerzo. Que me habían elegido.
El debut en Primera División tiene momento exacto,
por supuesto, aunque se postergó e hizo esperar más
de lo predecible. “En octubre de 1989, en un encuen-
tro estaba todo dado, pero terminé yendo al banco
de Reserva. Ese partido era en la terraza de acá, de mi