Revista Foro Ecuménico Social Número 6. 2009 | страница 70
Desarrollo y Diálogo
Sorprende el clima
general de convivencia,
integración y no
agresión entre
los diversos grupos
de inmigrantes
y el conjunto
de la sociedad.
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razas, lengua o religión y se les aseguran
los mismos derechos civiles que corresponden a todo ciudadano. En la misma
Constitución se sostiene que “El Gobierno Federal fomentará la inmigración
europea. No podrá restringir, limitar, ni
gravar con impuesto alguno la entrada
en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y
enseñar las ciencias y las artes”.
Los gobiernos argentinos en general
han mantenido esta actitud abierta y receptiva. El actual ha reforzado esa actitud, por medio de un mayor
entendimiento con los países
vecinos y facilitando la resolución de las dificultades que
se pudieran presentar.
La nueva Ley Nacional de
Migraciones, junto con programas de regularización migratoria, reafirman nuestra tradición de país receptor y establece nuevos mecanismos de
integración social. Fue producto de un
trabajo consensuado entre sectores gubernamentales y no gubernamentales y
pretende garantizar el pleno respeto de
los derechos humanos de todos.
Nuestro país ratificó la Convención
para la protección de los derechos de
todos los trabajadores migratorios y sus
familiares, en la que se propone eliminar toda forma de discriminación, xenofobia o racismo. Las medidas migratorias de carácter restrictivo (por ejemplo
de seguridad, control de fronteras) no
aportan soluciones sino que generan
más irregularidad y desigualdad.
La historia de la inmigración en Argentina se destaca por una situación original y en cierta medida sorprendente: el
clima general de convivencia, integración
y no agresión entre los diversos grupos de
inmigrantes y el conjunto de la sociedad.
Han incidido la postura abierta de la
población argentina y las políticas de Estado, pero mucho también la actitud de
la mayoría de los inmigrantes, que concientes de la situación de donde venían
se encariñaron con el país y aquí quisieron formar sus familias y proyectar su
futuro. Por eso descartaron los sectarismos y los enfrentamientos. Al principio,
los distintos grupos de inmigrantes “se
unieron en la desgracia”, pero luego fueron considerando al país como propio y
de todos, y no tuvieron reparo en intercambiar el trato y asistir a lugares comunes (escuelas, hospitales, clubes, trabajos, espectáculos, barrios, turismo).
Si bien subsisten de ciertos grados de
intolerancia y discriminación en algunos
sectores de la población, la Argentina sigue siendo un país abierto y receptivo.
En la actualidad tiene capacidad para incorporar a muchísimos inmigrantes.
Un país no se construye ni se nutre
únicamente de normas y de leyes sino
también por la creación de espacios de
encuentro que permitan participar del
intercambio cultural. Este intercambio
abre nuevos horizontes y nos predispone a atender a los demás, inclusive modificando nuestros puntos de vista como
condición imprescindible para la convivencia pacífica.
Para que las sociedades del siglo 21
asuman nuevas formas de solidaridad
en un mundo cada vez más interdependiente hay que elaborar políticas públicas y privadas capaces de ir creando un
nuevo humanismo social. Por medio de
variadas iniciativas promovemos el pluralismo, la convivencia y la inclusión,
auspiciando permanentemente el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural. Así ayuda a responder a los retos
que presenta la integración de la población inmigrante.•