revista electronica | Page 7

de suerte quedan muy pocos, unos en un rinconcito de su casa y otros en la Diestra del Señor; pero sin embargo todavía existen algunos como este señor y quiénes sueñan y valoran su espeque, su churuco, su calabaza, su machete Nº28,y su garabato como herramientas de trabajo.

Es impresionante escuchar su narración de cómo sobrevivieron en una época de limitaciones; la cosecha que producían dejaba una parte para el gasto y lo que sobraba lo sacaban al pueblo para venderlo y comprar ropa, zapatos, medicinas y otras cosas que no producían en la finca. Para transportar el producto al pueblo, lo sacaban a caballo; unos comerciantes les compraban el arroz a 30 colones el quintal ya pilado, y también a cambio de ciertos productos que el agricultor no podía producir.

Desgraciadamente estos campesinos fueron monopolizados por los comerciantes que acumularon grandes fortunas a costa de la necesidad.