Revista EL MOLINO Revista EL MOLINO -Primavera 2019 | Page 50
¿Pretendéis que me apacigüe? ¿Que domine
este amor ardiente y gozoso, este impulso
hacia la verdad suprema? ¿Que cante
mi canto del cisne al borde del sepulcro
donde os complacéis en encerrarnos vivos?
¡Perdonadme!, mas no obstante el poderoso impulso
que lo arrastra
el oleaje surgente de la vida
hierve impaciente en su angosto lecho
hasta el día en que descansar en su mar natal.
¿Por qué moderar el fuego de mi alma
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí que sólo puedo vivir en el
combate?
La vida no está dedicada a la muerte,
ni al letargo el dios que nos inflama.
El sublime genio que nos llega del Éter
no nació para el yugo.
Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña
en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade
arrastra por un momento al nadador,
que muy pronto se sumerge, su cabeza ceñida de luces.
¡Renunciad al placer de rebajar lo grande!
¡No habléis de vuestra felicidad!
¡No plantéis el cedro en vuestros potes de arcilla!
¡No toméis al Espíritu por vuestro siervo!
¡No intentéis detener los corceles del sol
y dejad que las estrellas prosigan su trayecto!
¡Y a mí, no me aconsejéis que me someta,
no pretendáis que sirva a los esclavos!
Y si no podéis soportar la hermosura,
hacedle una guerra abierta, eficaz.
Antaño se clavaba en la cruz al inspirado,
hoy lo asesinan con juiciosos e insinuantes consejos.
¡Cuántos habéis logrado someter
al imperio de la necesidad! ¡Cuántas veces
retuvisteis al arriesgado juerguista en la playa
cuando iba a embarcarse lleno de esperanza
para las iluminadas orillas del Oriente!
Es inútil: esta época estéril no me retendrá.
Mi siglo es para mí un azote.
Yo aspiro a los campos verdes de la vida
y al cielo del entusiasmo.
¡Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos,
celebrad la labor del hombre, e insultadme.
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere,
la bella, la vida Naturaleza!
¡Ah, cuántas palabras huecas y cuántas
extravagancias se han dicho! Sin embargo, todo nace
del deseo y todo acaba en la paz. Como riñas entre
amantes son las disonancias del mundo. En la disputa
está latente la reconciliación, y todo lo que se separa
vuelve a encontrarse. Las arterias se dividen, pero
vuelven al corazón y todo es una única, eterna y
ardiente vida».
(Hölderlin, Hiperión, II.2)
Los héroes han perdido su fama y los sabios sus
discípulos. Los grandes hechos, cuando no son
asumidos por un pueblo noble, no son más que un
golpe violento en una frente sorda, y las más altas
palabras, cuando no resuenan en corazones
igualmente elevados, son como una hoja muerta
cuyo rumor se hunde en el barro.
(Hölderlin, Hiperión, I.1) 1)
Mujer al amanecer,1818, Caspar David
Friedrich
El símbolo de lo femenino como belleza que se
desprende de la naturaleza, y amar como
continuación de la armonía con esa naturaleza y
respeto hacia el orden del universo, es el mundo en el
que vive Hiperión. La encarnación de ese símbolo de
trascendencia que es la mujer está encarnada en la
joven Susette Gontard, que él llama Diotima. La
contemplación de sus dones es para el personaje un
regalo de los dioses "…no he conocido a nadie tan
carente de necesidades, tan divinamente sobrio".
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