Revista EL MOLINO Revista EL MOLINO -Primavera 2019 | Page 39

Pitágoras estableció en su instituto una sección especial para las mujeres, paralela a la de los hombres y adecuada a las funciones de aquellas. La finalidad de esta iniciación bilateral cabía en la armonización de las dos naturalezas masculina y femenina por estudios apropiados. Gracias a una instrucción competente y a la iniciación en altos principios de sabiduría, la igualdad de los sexos en el instituto pitagórico se había logrado en su más armónica perfección. Estimaba también la fusión de los principios masculino y femenino como uno de los misterios más trascendentales de la Naturaleza, viendo este enlace de un orden superior, del cual podían nacer seres escogidos, como el cumplimiento de un sagrado deber. Pitágoras logró –por la elocuencia de sus razones–, sacar muchos pueblos del estado de abyección semi-salvajismo en que vivían. Restablecía la paz en las naciones, la concordia en las familias, era la providencia de ciudades por las cuales iba, decíase “no para enseñar, sino para curar las almas”. Cautivaba, arrastraba a la multitud, admirada al escucharle, de sentirse enamorada de la virtud y de la verdad. Procuró implantar en la constitución del Estado los principios de armonía y de orden, como sentido profundo de la filosofía pitagórica e idea esencial, según define: “Dios es todo armonía y el fin supremo del hombre es imitar a Dios”, por eso, Pitágoras decía que la Sociedad humana debe ser como la imagen reducida del Universo; es decir, un organismo armonioso. Estos principios de armonía y de orden, se introdujeron bajo la forma de una asamblea compuesta de ciudadanos iniciados por el mismo filósofo. Pitágoras reconocía a los hombres igualdad de derechos naturales, pero pensaba también que mientras los unos son instruidos, inteligentes y virtuosos, los otros –la mayoría– son incapaces, codiciosos y disipados. El Pitágoras viaja a Delos para cuidar de Ferécides, su antiguo maestro, orden es cosa frágil en una nación donde los malos ciudadanos, que se encontraba moribundo. Permaneció allí por unos meses, hasta dominados por sus pasiones egoístas, pretenden guiar también el carro su muerte del Estado con el mismo título que los buenos. Más tarde, Platón dijo que la democracia es la historia del burro que quiere pasar sobre el camino, por delante del caballo. Pitágoras juzgaba que los hombres, en su mayoría, no saben guiarse por sí solos según el dictado del buen sentido. Dominados por los instintos egoístas, necesitan guías o pastores, para conducirlos, como un vil rebaño, por el buen camino. Esta armonía ideal requería ministros iluminados e íntegros. “¡Pueblos!, no pudiendo tener dioses por legisladores, recurrid, por lo menos, a los sabios”. Estos debían ser seres muy superiores en lo moral e intelectual, al común de los mortales. Este concepto idealista de un gobierno compuesto por los ciudadanos más dignos, no debía satisfacer a la mayoría. Sin embargo, gracias a su genio político y a su elocuencia, Pitágoras, que había conseguido instaurar este régimen en Crotona, pudo mantenerlo durante la cuarta parte de un siglo. La comunidad pitagórica representaba, por decirlo así, como el ideal realizado. Descansaba sobre aquella misma constitución científica y filosófico-religiosa que anhelaba Pitágoras para los pueblos, con cierto carácter político inspirado en los mismos principios de unidad. En lugar de gobernar a una multitud instintiva y disipada, consistía en una escuela que pretendía emancipar las inteligencias por medio de la filosofía, de la ciencia y del arte. Era, en realidad, el embrión de la gran república humana, sueño dorado de los idealistas. La escuela pitagórica engendró muy profundas transformaciones en la sociedad antigua. Pues, mientras laboraba Pitágoras con sus discípulos en la emancipación moral del pueblo, procuraba también reformar la constitución de los Estados. Anhelaba, sobre todo, instaurar en las naciones una perfecta equidad y la igualdad social. Los pitagóricos llegaron así durante la cuarta parte de un siglo a ejercer un poder regulador y arbitral entre pueblos y gobiernos, y, por consecuencia, entre estados vecinos, hasta la catástrofe de la orden, provocada por un ambicioso y orgulloso Cylón, que prendió fácilmente en el pueblo, contra la institución de Pitágoras, donde pocos escaparon al incendio y a la multitud. Salvado milagrosamente Pitágoras, se fue a morir de hambre a Metaponto, en el templo de las Musas. Tenía cerca de noventa años. La Sabiduría Pitagórica, 1974, Federico Macé – Eduardo Alfonso. 1 Nacimiento de Pitágoras 569 a. C, Isla de Samos, Antigua Grecia. Muere en 475 a. C. en Metaponto, hoy desaparecida, en actual Italia. 2 Sabían predecir los eclipses y, en general, el movimiento de los astros por un sistema matemático. Conocían como los egipcios, el sistema heliocéntrico. El mundo occidental adoptó su división del tiempo y su división del círculo en 360 grados. Inventaron el cuadrante solar, etc. 3 Pitágoras descubrió la “fisiognomía”, estudio del carácter a través del aspecto físico y, sobre todo, a través de la fisonomía del individuo, que es el aspecto particular del rostro. 4 Debemos a Pitágoras el vasto sentido que atribuimos a la palabra “mundo” cuando la aplicamos al universo. El gran filósofo fue el primero que empleó esta expresión Kosmos por considerarla más propia que otra a la designación del Gran Todo. 5 Pitágoras decía que la sabiduría enseña que conviene ser tres por lo menos en los paseos apartados, no más de diez a la mesa y uno sólo al baño. EL MOLINO 39