Revista EL MOLINO Revista EL MOLINO -Primavera 2019 | Page 35

Occidente está en decadencia, ha perdido sus referentes religiosos y morales. La fealdad es confundida con la belleza. El arte y la cultura son degradados por los intelectuales y la educación no enseña principios ni valores cristianos. La sociedad se divide, desintegrándose la nación y la familia, favoreciéndose el descontrol migratorio y fomentándose la amenaza terrorista. La promoción del aborto, las trabas sociales, económicas y laborales que sufren los españoles, los designios de crear nuevas falsas unidades familiares, la influencia del feminismo radical en millones de mujeres, la criminalización de los varones, el asentamiento del individualismo y la expansión del hedonismo en las relaciones humanas, así como el envejecimiento de la población, hacen ya de España un país incapaz de regenerar su propio tejido social y productivo. Es la corrección política que va imponiéndose mansamente sin que la mayoría de españoles sea consciente, es decir, sin que tenga facultad de reconocer la realidad. A diferencia de otros, este genocidio se está produciendo con la aceptación voluntaria de la mayoría de sus potenciales víctimas. ¿Quién se beneficia? ¿A quién o a qué objetivos favorece todo esto? Niños en la guardería Sjötorget (Estocolmo, Suecia) Para el sistema político y económico actual que busca imponer su modo de pensamiento y organización como el único posible y autorizado, estos beneficios de la naturaleza en los niños que más tarde serán adultos que contrariarán y entorpecerán sus designios, no encajan ni convienen. De ahí esa perseverancia ciega, violenta y permanente por derribar los símbolos, mitos y tradiciones, formando de todo aquello que ha hecho de Occidente un ejemplo universal de cultura y progreso un amasijo amorfo, débil, sin esencia…, es decir, manipulable. El destino de una civilización depende de su acervo genético y de que se mantenga el tipo de hombres que la crearon. Si a los excelentes se les convierte en minoría y se fomenta la natalidad sin freno de las personas con más bajo cociente intelectual, entonces la cultura y el progreso humano deviene otra cosa distinta. Si desaparece el gen europeo, si permitimos que desaparezca, habrá desaparecido entonces la más bella obra de Dios y la razón misma de nuestra existencia. Quienes abogan por la multiculturalidad en Europa, en realidad están destruyendo la verdadera diversidad humana, salvo que se nos quiera hacer creer que los nocturnos de Chopin tienen el mismo valor artístico que una danza zulú. El mundo occidental no tiene más opción que unirse bajo un mismo sistema identitario: la conservación de nuestra herencia genética. Con ella, la creación divina seguirá teniendo sentido. El deterioro de instituciones como la educación y la familia ha sido posibilitado debido a la implantación en la sociedad española de injertos ideológicos que han hecho florecer un estado mayoritario de opinión contrario al nivel de conciencia moral. Esto ha sido dado en las circunstancias presentes de debilidad moral, de crisis de valores y al descrédito de principios y conceptos tales como valor, patria, verdad, belleza, honradez, sacrificio, esfuerzo, nobleza, altruismo, excelencia, justicia, mujer, hombre, familia… Este periodo de nuestra historia, como el estado de degeneración más alto alcanzado nunca por el hombre, nos está conduciendo a la degradación moral. Incluso que renunciemos a la supervivencia de nuestra identidad colectiva, la que ha dado al mundo a los mejores hombres. O a que aceptemos sin rechistar que comunidades extranjeras quieran imponer el modo de vida del que supuestamente vienen huyendo. EL MOLINO 35