Revista EL MOLINO Revista EL MOLINO -Primavera 2019 | Page 30
Para los niños, la naturaleza
es parque de atracciones,
excelente medicina y aula de
aprendizaje. El contacto con
ella mejora la salud, la
capacidad de atención, el
desarrollo motor y cognitivo,
la autonomía, la seguridad, la
adquisición de valores...
N
os reímos de la ocurrencia del crío
pequeño al que se le pide que dibuje
un pollo y esboza un pollo asado. O del
que a la pregunta ¿de dónde viene la
leche? responde “del supermercado”.
Pero más que cómica, esta realidad
resulta trágica. Evidencia que hoy
muchos niños crecen sin salir de un
entorno urbano y su contacto con las
plantas, los animales y los parajes
naturales llega a través de la escuela,
libros o vídeos.
Hay pediatras,
educadores y psicólogos que lo han
denominado drásticamente síndrome o
trastorno por déficit de naturaleza, un
mal que afecta a los niños que viven
alejados del contacto con entornos
naturales y que se manifiesta en forma
de obesidad, estrés, trastornos de
aprendizaje, hiperactividad, fatiga
crónica o depresión, entre otros
síntomas.
Muchos niños salen de casa por la
mañana para ir al colegio en coche o
autobús, regresan por la tarde por el
mismo medio y a la hora de jugar lo
hacen en casa y a menudo con la consola
o el ordenador. Los padres llenan sus
agendas de actividades para prepararles
para el futuro y se preocupan por su
seguridad, por tenerlos en ambientes
protegidos, que no se mojen, no se
ensucien, no les piquen bichos... El
resultado son millones de niños que no
juegan libremente en el parque o en el
campo, que no trepan a los árboles ni
construyen chozas con troncos, que no
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cazan lagartijas ni insectos ni tiran
piedras a los charcos para no mancharse.
Privados de esas experiencias con la
naturaleza,
esos
niños
pierden
importantes espacios de desarrollo
cognitivo
y
emocional,
pierden
capacidad
de
exploración,
de
creatividad, de destreza para la
convivencia y para la resolución de
problemas. Ciertos expertos aluden a
diversos estudios de investigación que
prueban que los niños del campo
enferman menos, tienen mejor
concentración y autodisciplina, mejor
coordinación física, equilibrio y
agilidad, son más imaginativos, tienen
más habilidad para divertirse y
colaborar en grupo, son más
observadores,
muestran
más
capacidad de razonamiento y más paz
interior. Los de ciudad, en cambio, son
más temerosos, desarrollan más
alergias, tienen más problemas de
sobrepeso u obesidad, son más
nerviosos e inseguros, se aburren más…