Revista El Balcón: Cuestión de género V. 4 | Page 7

Hace poco tuve la oportunidad de visitar por segunda vez el Parque Monumento, una hermosa edificación que fue concedida por el Estado a las víctimas de la Masacre de Trujillo en el Valle del Cauca, con el fin de repararlas de manera simbólica.

Al ingresar al parque se siente un escalofrío no sólo por el simbólico cuerpo del padre Tiberio que reposa en la puerta de la entrada, sino por la historia misma que este engalana. El Parque Monumento, como cualquier otro parque turístico, nos muestra una serie de recorridos que adornan la historia trágica de cientos de comunidades en Colombia: las masacres.

Este recorrido inicia con el “Sendero Nacional de la Memoria” en el cual descansa la exposición de aproximadamente 15 masacres y genocidios perpetrados en diferentes partes del territorio colombiano: la Masacre de Bahía Portete, del Salado, de la Rochela, de Bojayá, de Barrancabermeja, de Santo Domingo, del Naya, del Nilo, de San Carlos, del Tigre, de la comuna 13 de Medellín, de San José de Apartadó, del Cacarica, el Genocidio de la Unión Patriótica y del movimiento político A Luchar. Luego, sigue con los osarios simbólicos de las víctimas, de estos subyace en la superficie una escultura realizada por sus familiares sobre los oficios que realizaban y las causas de sus muertes en una placa. Después, se puede apreciar una figura llamada el círculo del amor: una torre de luz y el osario del Padre Tiberio. Para finalizar, una gran edificación decorada con un mural que relata la historia de la Masacre de Trujillo y de las diferentes peregrinaciones que han realizado a modo de homenaje a la memoria de sus víctimas.

Según el capítulo uno del informe ¡Basta ya! del Grupo de Memoria Histórica (GMH), publicado en 2013, una masacre puede ser considerada como:

UNA NUEVA RUTA

María Lucía Cabrera