CORAZÓN
SISMORRESISTENTE
S umario: Esperanza nos relata sus vi-
vencias en el día del terremoto de Ar-
menia (1999), una historia de altos y ba-
jos, cargada de tristeza y sobre todo de
honestidad.
“A Carlitos le dije que se de-
volviera en el carro, yo me
quedé con mi hermano”.
Por Marlon Andrés Taborda Flórez
mtaborda7@estudiantes.areandina.edu.co
Esperanza en el año 1997
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Desde un puesto de salud, allá en un
caserío de Morelia en las afueras de la
ciudad de Pereira, la por entonces en-
fermera Esperanza sintió un sismo es-
pantoso, de los pacientes hasta el más
cristiano tembló de miedo. La cruz que
adornaba la iglesia de en frente se de-
rrumbó.
El teléfono empezó a temblar, bueno
timbrar, todo temblaba por ese enton-
ces, Esperanza cruzó por el pasillo que
dividía la casa del puesto de salud,
contestó, eran sus familiares. Después
de unos minutos de tertulia entre repli-
cas, se despidió, colgó y le marcó a su
hermana quien residía en Armenia sin
recibir respuesta.
Fue ahí dónde empezó la verdadera tra-
vesía, “Le pedí el favor a Carlitos”, un
joven que le ayudaba por ese entonces,
que condujera su Daihatsu hasta la ciu-
dad de Armenia. Sin mas demora ini-
ciaron su viaje, sumando los bloqueos,
trancones y retenes les tomó hasta la
noche llegar. Sin celulares ni redes por
ese entonces, no podía contactar a su
hermano y más crecía la angustia.
Una vez en Armenia, o bueno, lo que
quedaba, Esperanza inició la búsqueda
de su hermano hasta encontrarlo senta-
do junto a la esposa, ahí en un arbolito
de un parque, “¿Y mis sobrinos?” Rito,
su hermano le responde que están muy
heridos, que los estaban atendiendo en
uno de esos cambuches que había ar-
mado la defensa civil.
Entre escombros, cuerpos y lamentos
Esperanza se despidió de su hermano
y volvió a Pereira. Se reportó ante su en
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