Está... en el ... piso de arriba...- contestó entre sollozos,
La policía hizo entrar a los médicos con tres camillas para recoger los heridos, y corrió al piso de arriba sin vacilar, antes de que llegaran arriba mi padre intentaba sacarme de debajo de la cama a la fuerza, por suerte llegaron a la habitación antes de que este lo consiguiera.
Le apuntaron al pecho con la pistola y le dijeron:
Suelta ese martillo o tendremos que disparar- dijo un policía con un tono muy autoritario e intimidante.
Papá dejó de estirar de mí para mirarle y decirle que tenía que terminar lo empezado, que no podía dejar el trabajo a medias, en el tono de voz se veía claramente que estaba borracho del todo, pero eso no era una justificación para lo ocurrido, papá blandió de nuevo el martillo y se lo tiro al policía, no sé muy bien si le dio en la cabeza, pero lo que está claro es que se desplomó golpeando el suelo con un golpe sordo que no pintaba bien.
Todos los policías se coordinaron para dispararle en el pecho. Papá cayó al suelo de inmediato, tenía por lo menos cinco agujeros de bala en el pecho, el aire olía a pólvora, y no me gustaba. En ese momento sentí alivio, pero cuando recordé que no todos los miembros de mi familia habían corrido la misma suerte me inundó la tristeza. Entonces yo caí al suelo inconsciente, y lo único que recuerdo a partir de ahí es que mi padre murió, mi madre no pudo volver a caminar con la pierna derecha, y mis dos hermanos… habían muerto.
En cuanto pudimos, mamá y yo cambiamos de barrio porque los recuerdos eran demasiado abrumadores como para vivir en la misma casa. Aquella noche de halloween fue el principio de una vida vacía, sin sentido. Aquella noche yo tenía 12 años, ahora tengo 43, han pasado ya 31 largos años y aún no he vuelto a hablar de ello, y seguiré sin hacerlo ya que cuando intento hablar de ello la pena, y la impotencia me impiden seguir adelante con la historia.
Adrián Dominguez
NARRACIÓN
4 ESO A