Revista del Institut Cubelles 3º Trimestre | 页面 18

Halloween de 1963

 Era una noche de  Halloween  de 1963, una noche tranquila de truco o trato teníamos intención de salir a pedir caramelos después de cenar, aunque no podíamos volver muy tarde a casa si no queríamos que nuestra madre nos regañara. En casa éramos cuatro; mamá (Anne), mi hermano mayor (Peter), mi hermana pequeña (Jenny) y yo, (Arthur), mi padre (Jonh) y mi madre estaban divorciados porque discutían mucho y no se llevaban bien para nada, encima mi padre al que no me agradaba mucho ver era un borracho con problemas de agresividad, él vivía en un motel cutre del pueblo.

Esa noche cenamos un asado de carne muy apetitoso, de postre... bueno, preferimos no tomar postre porque en un par de horas, tres como mucho, pensábamos comernos todas la chucherías, caramelos y dulces que recolectáramos, después de cenar eran casi las ocho cuando nos pusimos los disfraces de Halloween, yo iba de sheriff, y que era un sheriff sin su pistola de aire comprimido, que en aquella época estaba muy de moda, ya que en esos tiempos eran muy baratas, como mucho te podía costar unos 15 centavos en una tienda cara, mi hermana pequeña iba a ir de princesa, era muy guapa y con esa falda rosa con purpurina brillante estaba muy adorable; en cambio mi hermano mayor dijo:

- Este año no me voy a disfrazar, ya soy mayor para el truco o trato, como mucho saldré después de que vosotros lleguéis, con mis amigos a una fiesta que hacen en el centro, si mamá me deja.

Cuando mi hermana y yo nos disponíamos a salir yo dije:

- Anda... me he dejado mis llaves en la habitación- con tono infantil.

Entonces mi mamá me dijo medio riéndose:

- Hijo no te va a hacer falta cuando llegues yo te abriré y fingiré que no te reconozco por el disfraz.

Y era verdad no me iba a hacer falta cogerlas, pero me sentía importante por llevar las llaves de casa, subí las escaleras hacia mi habitación a por las llaves, cuando de pronto sonó un golpe muy fuerte en la planta de abajo, yo me asomé por la barandilla para ver qué había ocurrido en el salón, era mi padre, había aparecido en casa con un martillo que debía pesar por lo menos unos 20 kg, entró en casa gritando y agitando el martillo con mucha agilidad aunque se notaba su borrachera por el poco equilibrio que tenia, pero con el martillo se estabilizaba. Mi madre le gritó con terror, le gritó que se fuera, pero ya era demasiado tarde: cuando me di cuenta le había pegado un golpe en la pierna derecha, segurísimo que se la había roto en trocitos, ella gritaba sin parar por el dolor, a la vez que le decía que se fuera, que no le tocara ni una vez más. Papá volvió a subir el martillo y sin compasión le dio a mi hermana en el pecho, salió despedida, y aterrizó al lado de la mesa del salón. Entonces es cuando un vecino vio lo que estaba ocurriendo, y de seguida llamó a la policía y a una ambulancia, pero eso no paró a mi padre, él quería terminar con la familia al completo, no tenía intención de parar, es entonces cuando volvió a levantar el martillo solo que esta vez iba a por mi hermano mayor, el pobre intentó reptar hacia la cocina pero ya era tarde, papá bajó el martillo y le acertó un golpe tan fuerte en la espalda que era casi seguro que lo había matado; Cada vez se escuchaban más cerca las sirenas del coche de policía. Mi madre no se podía mover así que papá fue en mi busca, se decidía a subir las escaleras cuando yo me fui corriendo a esconderme debajo de mi cama,

Papá, si no paras te pienso disparar con mi pistola-

Pero él no atendía a razones; es entonces cuando la policía entró por la puerta con las pistolas apuntando a frente, le preguntó a mi madre que donde estaba el asesino.