Revista de viajes Magellan Magellan Nº41 | Page 57
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iajar no es solo hacer turis-
mo, conocer monumentos y
museos o alojarse en hote-
les del todo incluido. Viajar
requiere algo más. Adaptar-
te a la sociedad que visitas. Sumergirte en
la vida de su gente, de sus tradiciones, de su
cocina. Los motivos por los que la gente pre-
fiere hacer turismo es por la comodidad de
la no-aventura. Resulta más cómodo y sen-
cillo que un autobús nos recoja en nuestro
hotel, nos lleve a los lugares de interés, sacar
varias fotos y de nuevo regresar al hotel para
no perderse la comida del buffet. También
hay otra razón que limita nuestro anhelo de
aventura y que he percibido tras hablar con
conocidos y amigos; el idioma. Cuando hablo
con alguien sobre el último destino de mis
vacaciones muchos de ellos preguntan —¿y
cómo te entendías? ¿en inglés?— seguida-
mente y sin esperar mi respuesta ya tenían
una excusa —es que yo no hablo inglés—. Es
cierto que el inglés es la lengua vehicular en
todo el mundo. Es difícil encontrar un lugar
en el que ninguno de sus habitantes sepa
algunas palabras de la lengua de Shakespeare
o los Beatles. Pero no siempre es así, algunas
veces te puedes encontrar en un lugar en el
que nadie habla inglés más allá de un hello o
my name is. Es aquí cuando aparece el verda-
dero espíritu del viajero, aquel que a pesar de
no entenderse con los nativos trata de comu-
nicarse, de comprender y de aprender.
El reloj situado por encima del andén ya
marcaba más de las doce de la noche. Espe-
raba a que las puertas del tren se abrieran
para subir y acomodarme en mi kupé. Tras
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