Revista de la Asociación de Alumnos Dulce Chacón Enero 2014 | Page 43

Palabras mágicas trapicheos y pillerías. Cuando llegaba a su casa veía la “vieja caja de zapatos” y no se atrevía a abrirla. Aunque su madre no consintió que dejara de ir al colegio, permitía que la ayudara, sabía de sus actividades y pensaba que eso le hacía sentirse libre. Por recomendación de una señora, clienta suya, le admitieron en un colegio de curas. Enseguida destacó en todas las materias, pero lo que más le gustaba era la música y las funciones de teatro que representaban, sobre todo cuando tenía que hacer de pícaro, aquello le salía sin esfuerzo. Tenía una bonita voz y se desenvolvía en el escenario como si tuviera un don especial. Con los curas había que tener mucho cuidado, no eran como con los del barrio. Se dio cuenta que el profesor que enseñaba música era muy amable y subía con los niños al coro de la capilla para practicar y ensayar alguna de las funciones. Una tarde después de clase le pidió a Federico que le acompañara para ensayar en el órgano la próxima función y ¡claro que le enseñó!, ¡el órgano y algo más!; Federico que ya se olía algo de eso; había oído a sus colegas de la panda las cosas que pasaban, cogió al cura desprevenido y le ató con un bonito cordón de terciopelo rojo a la verja del coro. Al cura de música le enviaron a hacer ejercicios espirituales. Nadie supo explicar la situación. Un día, al regresar del colegio al ver la “vieja caja de zapatos” algo en su interior le decía que tenía que abrirla, que encontraría explicación a muchas cosas. La abrió. En el interior había una trompeta, un libro manoseado por el uso y un sobre con su nombre. No se atrevió a abrir el sobre, esperó que su madre regresara del trabajo. -Madre he abierto “la vieja caja de zapatos” y mira lo que hay dentro.-Hijo antes de abrir el sobre tengo algo que decirte-Nunca te he contado