Revista de la Asociación de Alumnos Dulce Chacón Enero 2014 | Page 42
Palabras mágicas
EL PÍCARO FEDERICO O LA VIEJA CAJA
DE ZAPATOS (Cuento de supervivencia y esperanza).
-Madre, madre, mira lo que traigo-, dijo Federico, jadeando y sin resuello por el
esfuerzo de subir los cuatro piso que le llevaban a su casa.
Ese día Federico había estado trapicheando en la carbonería del Sr. Paco. Consiguió
un saco de astillas y carbón para encender la cocina que les proporcionaba calor, en el
pequeño piso en el que vivía con su madre, situado en el barrio de Embajadores de
Madrid muy cerca del Rastro.
-Federico ven un momento- Mira, ha llegado un paquete muy estropeado, debe ser la
última carta de tu padre. Encima de la mesa camilla había una “vieja caja de zapatos”
atada con una cuerda; por su aspecto, parecía que hubiera recorrido todos los trenes
correo de España, claro que no era extraño. Las cosas no funcionaban. La posguerra
estaba siendo muy dura, sobre todo para una mujer sola y con un niño.
-Déjame madre, vengo muy cansado, ya la abriremos mañana- Federico se fue a su
pequeño cuarto, se tumbó en la cama, cerró los ojos, sus recuerdos no le dejaban
dormir. ¡Cuánto habían cambiado las cosas solamente en tres años!
De pronto; mi padre se había ido a la guerra, a mí unos señores me metieron en un
tren con muchos más niños y me llevaron a Murcia, a un colegio, para protegerme de
las bombas, mi madre se quedó sola en Madrid; yo sólo tenía nueve años, no entendía
nada. Tuve que aprender a defenderme. Aprendí a disimular el miedo, la tristeza, a
decir sí cuando quería decir no, aprendí a robar en los huertos para comer, porque en
el colegio la comida no sobraba, claro como yo había oído que lo que hay en España
era de los españoles, no me parecía algo grave. Me juntaba con la panda más
revoltosa. El cura del pueblo, donde estaba situado el colegio, era el objetivo de todas
las pillerías que se nos ocurrían.
Volví a Madrid, ya no había bombas, pero mi padre no estaba, él no había vuelto. Las
últimas noticias que tuvo mi madre fueron que estaba en el frente de Teruel y que nos
enviaba un paquete. Al fin el cansancio venció a los recuerdos.
Su madre era costurera, pero la gente no tenía mucho dinero para hacerse trajes, con
sobrevivir tenían bastante. Federico pensó que tendría que ayudar a su madre.
Había que sobrevivir. Se hizo amigo de otros chicos del barrio, que cómo a él los
llevaron evacuados a otros lugares para salvarles de las bombas, pero nadie les
enseñó a vivir, aprendieron latín y no el de los libros. El trapicheo se convirtió en un
medio para sacarse unas pesetas. Un estraperlista del Rastro le tomó bajo su
protección: lo mismo vendía cajetillas de tabaco en la puerta del metro, que camuflaba
cosas viejas por antiguas, engañando a los incautos, las cartillas de racionamiento se
podían falsificar con facilidad. Vamos, que Federico se licenció cum laude en
FORO DULCE
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