Revista de Arte Fragmento No. 3 | Page 17

Desamor Clamando un grito en el óxido de la mañana desvelada, el infame empo se posa enmudecido, hay cenizas derramadas en manteles escabrosos y deshilachados, hay azules cielos que oscurecen y se matan, las nubes en traslucidas cor nas se caen. Si el quejido de ese polvo se redime, si la áspera luna en cenizas se descarna, y la noche oculta y fur va, naufraga y me delata, si el espacio entero se de ene en esas lágrimas. ¿Por qué el hambre despiadada se vuelve insolente? ¿Qué pretende el agua que con sus nubes cae? Está quemando el pulcro metal de nuestra piel, se herrumbran en esos manteles su cielo. Pensar que el silencio en una palabra cabe, fugi vo aguarda el cuerpo, insipientes están sus huesos, esta mordida su carne, pedazos le faltan. Al igual que aquella luna, despuntado está el sueño que despierta. Y de repente el frio engulle el alma en sus fauces, y acalambra estos huesos misceláneos. Y de repente el mar en espumas bosteza, y así desama la desganada oscuridad. Y el cuerpo torpe y moribundo, lame el polvo del aire que abyecto se muestra. Y no hay polen en él, ni pétalos nacientes que celosos del carmín traicionen a la rosa. Disonante está el alma, ama aún más por que ha perdido y ama la tragedia. M.N. Allen