Revista de Arte Fragmento 5 No.5 | Page 22

- Tu nombre… - Pedro. - ¿Pedro qué? - Como si importara, ya todo se fue al carajo. - Hey, no me interesan tus conictos internos, ¡tu nombre completo cabrón! - ¿Y a ti qué carajos te importa mi nombre completo si ni siquiera sabes quién eres tú mismo…? El golpe en su pómulo se escuchó en todo el recinto. Cuatro paredes una vez pintadas de gris, ahora desconchadas y convertidas en recipiente de huellas eternas. Escritorio gris de metal con bordes redondos cubiertos de goma. Un solo cajón guardando formularios de horarios, un periódico amarillista con fotos de mujeres con cuerpos voluptuosos en la última página, varios clips y servilletas usadas. Dos sillas de aluminio. El piso de concreto pulido tenía ciertas salpicaduras que daban lugar a las más terribles conjeturas. Las gotas de sangre desteñida tapizaban los muros sin ventanas. Manchas de espaldares de sillas hacían un horizonte separatista en la misma pared detrás de él, entre el piso y los tres metros que faltaban hasta el techo. Tres luces de neón. Una parpadeaba. Pero sobre todo, esa sensación.