Una situación atípica, histórica y catastrófica se convirtió en nuestro día a día desde hace aproximadamente cinco meses, una nueva realidad que no solo arrasa con la salud y la vida de algunos, sino que acaba con muchos sueños y frena el avance en todo el mundo.
El covid-19 cambió el juego y revolucionó la economía mundial, precios de productos por los aires y otros por el suelo, fuertes capitales y multinacionales en riesgo de quiebra, industrias completas detuvieron su producción, otras cambiaron sus productos y servicios, al final, millones de familias y pequeños comerciantes intentando no morir de hambre.
Las exportaciones e importaciones globales se paralizaron por el miedo de recibir el virus, las calles y playas vacías en todo el mundo muestran el temor de la gente y esto refleja el mayor problema del sistema económico mundial, todo depende y causa efectos económicos, el menor detalle o cambio en alguna sociedad, genera un impacto grandísimo en la economía. Esto puede entenderse para algunos como algo positivo pero no lo es, refleja una economía frágil y un sistema económico sensible a la caída y de difícil recuperación.
Esto se hace más grave si se entiende que un análisis global demostraría tal vez en todo el mundo el impacto inicial en países que han adoptado medidas extremas, ha sido el mismo, desempleo, crisis social, cierre de negocios.
Pero lo anterior debe analizarse desde el contexto de la realidad de nuestro país, que encuentra uno de los mayores problemas en la informalidad laboral, el popular rebusque, el cual su máxima ley es vivir del día a día, práctica que se volvió imposible por las acciones determinadas por el gobierno para mitigar los impactos de la pandemia, muchas que en su momento fueron bien vistas y aceptadas con la en su momento falsa esperanza de un fin cercano, pero que con el paso del tiempo perdieron su rumbo y han ido debilitando toda la estructura pensada por el gobierno y así mismo debilitó la credibilidad en la gestión y en la distribución de alivios económicos, que si es cierto, no pueden ser eternos, muchos de estos se han perdido en el camino, como es común en nuestro país.
En días próximos a la llegada del pico de contagios y muerte, el temor casi no existe, las calles casi llenas son un preludio de lo que podrían ser los hospitales en las próximas semanas, pero como es bien sabido la gente sale por trabajar y es ahí donde se debe buscar una solución y un cambio a futuro.
La economía nacional debe encontrar la manera de ser más robusta y acabar o controlar la informalidad laboral, reformar ciertos impuestos totalmente mal distribuidos y concebir el espacio económico como un engranaje, done gracias al Covid-19 vimos, el eje principal son los ciudadanos, pymes, independientes e informales.
Sebastián Rueda Peñaranda
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Una situación atípica, histórica y catastrófica se convirtió en nuestro día a día desde hace aproximadamente cinco meses, una nueva realidad que no solo arrasa con la salud y la vida de algunos, sino que acaba con muchos sueños y frena el avance en todo el mundo.
El covid-19 cambió el juego y revolucionó la economía mundial, precios de productos por los aires y otros por el suelo, fuertes capitales y multinacionales en riesgo de quiebra, industrias completas detuvieron su producción, otras cambiaron sus productos y servicios, al final, millones de familias y pequeños comerciantes intentando no morir de hambre.
Las exportaciones e importaciones globales se paralizaron por el miedo de recibir el virus, las calles y playas vacías en todo el mundo muestran el temor de la gente y esto refleja el mayor problema del sistema económico mundial, todo depende y causa efectos económicos, el menor detalle o cambio en alguna sociedad, genera un impacto grandísimo en la economía. Esto puede entenderse para algunos como algo positivo pero no lo es, refleja una economía frágil y un sistema económico sensible a la caída y de difícil recuperación.
Esto se hace más grave si se entiende que un análisis global demostraría tal vez en todo el mundo el impacto inicial en países que han adoptado medidas extremas, ha sido el mismo, desempleo, crisis social, cierre de negocios.
Pero lo anterior debe analizarse desde el contexto de la realidad de nuestro país, que encuentra uno de los mayores problemas en la informalidad laboral, el popular rebusque, el cual su máxima ley es vivir del día a día, práctica que se volvió imposible por las acciones determinadas por el gobierno para mitigar los impactos de la pandemia, muchas que en su momento fueron bien vistas y aceptadas con la en su momento falsa esperanza de un fin cercano, pero que con el paso del tiempo perdieron su rumbo y han ido debilitando toda la estructura pensada por el gobierno y así mismo debilitó la credibilidad en la gestión y en la distribución de alivios económicos, que si es cierto, no pueden ser eternos, muchos de estos se han perdido en el camino, como es común en nuestro país.
En días próximos a la llegada del pico de contagios y muerte, el temor casi no existe, las calles casi llenas son un preludio de lo que podrían ser los hospitales en las próximas semanas, pero como es bien sabido la gente sale por trabajar y es ahí donde se debe buscar una solución y un cambio a futuro.
La economía nacional debe encontrar la manera de ser más robusta y acabar o controlar la informalidad laboral, reformar ciertos impuestos totalmente mal distribuidos y concebir el espacio económico como un engranaje, done gracias al Covid-19 vimos, el eje principal son los ciudadanos, pymes, independientes e informales.
Sebastián Rueda Peñaranda