espalda al respetable, descorre la mórbida cremallera de su hábito al punto, un piyama de seda negro emerge, suave, sobre un fondo sonoro de gemidos, jadeos, pitidos de locomotora, burbujeo de champan: amarte, amarte dueño y señor mío, es mi delirio constante: estoy enferma de amor, pero no quiero curarme...( 234)
Estas labores de destrucción van a desembocar al final en la transformación del cadáver del niño en Mesías musulmán:
En medio de los desperdicios del mercado y su secuela de emanaciones y olores el terso y pulido cadáver se destaca y brilla: un muñeco de celuloide rosa, atrozmente marcado por la sana vengativa de su ejecutor: brazos y piernas mutilados, órbitas oculares vacías, corazón atravesado por un alfiler grande, dorado,( 300)
Es significante anotar que Goytisolo emplea como escenario de la aparición del nuevo mesías el mercado tangerino, lugar exaltado en la primera parte de la obra como símbolo antagónico de la civilización industrial y hogar del " mendigo rey," mensajero de la insólita epifanía. En consecuencia, la búsqueda de la identidad se persigue en el deseo de comunicar varios matices de la destrucción y unir la ruptura de la novela tradicional con la desposesión total de los valores culturales y personales del pasado. iii Con ello se propone la búsqueda continua de la libre expresión del ser humano en el futuro. Al cerrar la novela, se escucha la voz del narrador que dice:
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