permanencia. Estas imágenes proyectan la tenacidad y permanencia, no solo del continente sino también de sus hijos que al retener las propiedades positivas de la piedra, adquieren identidad:
Seré una piedra. Seré el rostro de esa piedra. Seré la memoria de esa piedra. Seré la esperanza de esa piedra. Seré la inicial de un dios. Seré el relámpago de un dios. Seré la sonrisa de una pampa abierta. Seré la hoja de un maíz. Seré su flor y su fruto. Seré el cansancio de un hombre americano. Seré su sed y su alegría Seré un día eterno y memorable. Seré también América.( 121)
El mundo de referencias de las imágenes corresponde a lo telúrico con su carácter de fuerza que configura una característica existencial dual: piedra-tierra, relámpago-aéreo y luminoso. El análisis de estos dos polos prueba que el uno es forjador del otro y viceversa. En consecuencia, el poema queda estructurado en tres unidades sintagmáticas que se complementan y como resultado proyectan la identidad de América. La tercera unidad sintáctica corresponde al mundo mismo, una América creada, por gradación ascendente de imágenes que, partiendo de la dureza y durabilidad de la piedra, alcanzan una síntesis piedra-hombre-continente para darnos la
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