Revista Buenaventura edición Diciembre 2015 2015 | Page 53
Excel tengo anotadas las cantidades que
compro de cada cosa, el precio –que cada
año aumenta–, la merma que sufre cada
ingrediente al cocinarse, cuántos tamales
salieron, a quién le regalé y cuántos, en
fin… un informe detallado de la tamalada.
Un tamal promedio lleva seis onzas de
masa, dos de pollo, una de puerco, una o
dos aceitunas, dependiendo del tamaño,
una ciruela pasa y cebolla refrita. Son
grandes, son una comida completa.
Como saben, hay quienes no pueden
comer esto o aquello así es que en la lista
del año pasado teníamos tamales completos, tamales sin pollo (ni siquiera el jugo
con que se sazona la masa), tamales sin
puerco, tamales sin aceituna y tamales con
picante. El código de colores está pegado
en la puerta del congelador porque para
distinguirlos les amarramos un lacito con
cinta de papel.
La etiqueta y el cuento
Una vez armados y hervidos los dejamos
refrescar un rato y luego armo las bolsas
de regalo que deben repartirse ese mismo
día, pues no hay forma humana en que yo
pueda refrigerar trescientos tamales. Cada
bolsa va con su etiqueta con el nombre
de la familia y otra con el cuento. El año
pasado mi nuera diseñó una, la mandó a
imprimir y me las dio de regalo. Vamos
progresando.
De mi cocina salen tamales para mis hermanos y sus hijos y para esas personas a
quienes no hay nada que regalarles puesto
que he descubierto que muchas de ellas, al
igual que yo, ruegan que llegue la Navidad
para comerse un tamal.
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Buenaventura
La invitación se hace así: doy la fecha –y todo el mundo
sabe que la hora es “bien temprano”–, cada quien llega y
se va en el horario en que puede; no hay que traer nada,
cada quien tiene un trabajo asignado y al final del día cada
voluntario se lleva su paquete de tamales.