ISMA - Instituto Superior Marista A-730
comités revolucionarios y milicias locales, ya que
entre sus objetivos revolucionarios tenían como
prioridad la eliminación física de la Iglesia y de sus
ministros , al considerarles el principal obstáculo
para el cambio social.
Razones religiosas y razones políticas.
Todos los historiadores de uno y otro signo
reconocen la magnitud de la violencia anticlerical
( un total de 6.832 víctimas, entre sacerdotes y
religiosos, según Antonio Montero ), así como las
razones fundamentalmente religiosas más que
políticas de esa persecución.
Verano sangriento.
La violencia anticlerical se prolongó durante toda
la guerra, pero fue especialmente intensa en los
meses de julio a septiembre de 1936, el «verano
sangriento», el tiempo en el que los poderes locales y
los comités revolucionarios controlaron directamente
la situación, por encima de las instituciones
republicanas y al margen de ellas. Esto es lo que se
ha ponderado para quitar o rebajar la responsabilidad
de las autoridades republicanas en la violencia
anticlerical de los primeros meses; subrayando,
por el contrario, los intentos de mediación y de
cobertura ejercidos por las autoridades frente a
los comités revolucionarios. ( De hecho es lo que
ocurrió con el grupo de 62 Hermanos Maristas de
Barcelona, salvados in extremis por la autoridad de
la Generalidad, al día siguiente de la matanza del
primer grupo de Hermanos ).
A partir del estallido de la guerra se impuso la
eliminación física de las personas, centro de
enseñanza y medios de comunicación. Ej. la Editorial
FTD ( Edelvives) fue quemada.
¿Cómo explicar la violencia?
Todavía hoy no se entienden bien las razones de esa
violencia anticlerical y antirreligiosa de los primeros
meses de la guerra civil.
Las autoridades republicanas intentaron pronto
contener y desmarcarse de esas acciones, eludiendo
su responsabilidad y atribuyéndolas a agentes
incontrolados. Sin embargo, no se puede negar
cierto grado de complicidad con esas iniciativas.
La Escuela Marista
Según el Art. 30 de la Ley de Congregaciones
Religiosas de 1933, «las órdenes y congregaciones
religiosas no podrán dedicarse al ejercicio de
Aula Magna
la enseñanza. La Inspección del Estado cuidará
que las órdenes y congregaciones religiosas no
puedan crear o sostener colegios de enseñanza
privada ni directamente ni valiéndose de personas
seglares interpuestas». Y el Art. 31 ponía plazo
concreto, inmediato, para el fin del ejercicio de esas
enseñanzas.
Secularización de las Escuelas Católicas
Las congregaciones tomaron nota de la nueva
situación, y trataron de adaptarse y defenderse
tomando las medidas oportunas. La principal de
ellas, secularizando su presencia pública (traje
seglar en vez de hábito religioso, obtención de títulos
docentes oficiales); y sobre todo transformando
la titularidad jurídica y nominal de los colegios en
mutuas escolares y transformando jurídicamente las
propiedades en nuevas sociedades.
No habían cometido ningún delito
Nuestros mártires, al igual que tantos otros en la
historia, no habían cometido ningún delito, ni habían
sido inculpados en ningún proceso judicial; no habían
despertado odio a su alrededor, al contrario, fueron
testigos de amor, de la entrega y de la caridad al
servicio de los necesitados, siguiendo el ejemplo de
Jesús, su Maestro.
Precisamente por vivir y manifestar, sin temor a nada
ni a nadie su fidelidad a Dios, y a su vocación de
Hermanos Maristas, fueron perseguidos, ultrajados
y asesinados.
La confianza en Dios, la sencillez, su amor a María
y al Instituto Marista y su fidelidad a la vocación
religiosa y la entrega al trabajo educativo son
comunes a todos los Hermanos Mártires.
Hombres de Fe y personas normales
En general, sus vidas fueron sencillas y ocultas, en
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